La guerra de sucesión castellana entre las dinastías de Pedro I y Enrique I no terminó en 1370 con la proclamación de Enrique como rey de Castilla. En los años siguientes los reinos de Aragón, Navarra y Castilla parecían estar en paz. El reino musulmán de Granada pagaba los impuestos debidos para vivir en armonía junto a los cristianos. Sin embargo, fue una cuestión portuguesa la que rompió el equilibrio de finales de la Baja Edad Media.

El rey portugués Fernando I había concertado con Juan I de Castilla la boda de sus hijos. Pero hay un factor muy importante que no hará esto posible. Muchos nobles que habían apoyado a Pedro I en la guerra de sucesión castellana habían huido de Castilla refugiándose en Portugal. Convencieron al rey portugués de la alianza con Juan de Gante, duque de Lancaster, que aspiraba al trono castellano por su matrimonio con Constanza, la hija de Pedro I. Por ello, Fernando de Portugal reconoce a Juan de Gante como rey legítimo de Castilla a cambio de casar a su hija con un noble inglés en lugar de con el hijo de Juan I. Por motivos de la vida misma, Fernando fallece y será su mujer, Leonor, quien lleve las negociaciones hacia otro sitio, teniendo en cuenta que la mujer de Juan I había muerto también. Por ello, el matrimonio de la joven Beatriz de Portugal será con el propio Juan I. 

Esta situación da paso a una serie de acontecimientos que producen una guerra civil en Portugal que da lugar a la Batalla de Aljubarrota en 1385. Esta fue una gran derrota para los castellanos: 4.000 muertos, 5.000 presos y otros tantos heridos y muertos en el camino de vuelta a casa. Y aquí es cuando el avispado Juan de Gante o duque de Lancaster, que en vistas de la falta de defensa de Castilla entra a la conquista del reino a través de Galicia en 1386. Por allí atravesó Benavente y León hasta llegar a Palencia.

En Palencia solo había mujeres y niños por las muertes masculinas que dejó la derrota de Aljubarrota y el paso del duque de Lancaster a León. Palencia parecía una presa fácil, pero no lo fue. Las mujeres se habían ocupado de la ciudad y cuando avistaron los estandartes de Juan de Gante, establecieron una organización plena entre ellas para atacar al enemigo. Vestidas con sus pañuelos anudados, los zuecos y mandiles con rastrillos, azadas, guadañas o incluso piedras, las mujeres palentinas defendieron su ciudad ante los ingleses. Rendidos ante la incesante ofensiva femenina de las palentinas, el ejército de Lancaster se retiró. Fue tal la derrota, que Lancaster decidió optar por la negociación con Castilla en 1388 casando a su hija Catalina con Enrique III, hijo de Juan I. La boda se celebró en Palencia por este mismo acontecimiento.

Ante el valor de las mujeres de Palencia, el rey Juan I concedió a todas ellas el “derecho de tocas”, que les permitía llevar una banda dorada y roja en sus tocados. Este privilegio había sido únicamente dirigido a caballeros de honor. Por eso, el traje regional de las mujeres de Palencia incorpora una banda dorada como reconocimiento de la heroicidad de las palentinas en 1387.

Fuentes

SAN MARTÍN PAYO, J. Inscripciones en la Catedral de Palencia. Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, Palencia, 1977, nº 39, p. 41-86.

PRÁDANOS, M. "Las mujeres caballero de Palencia" en VVAA, Castilla y León, puerta de la Historia. Madrid: M.A.R Editor, 2018.

GARCÍA LUACES, P. Palencia vence al duque de Lancaster con un ejército… de mujeres. Teinteresa.es, 2013. Recuperado de: https://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-palentinas-son-caballeros-honor-siglo-xiv-20180429111617.html