El presente artículo no versará sobre las mil doscientas especies de palmeras censadas en el mundo, sino sobre su simbología y su carácter universal. Estamos, sin duda, ante uno de los árboles más antiguos del mundo, como bien señala el profesor Jesús Ávila Granados en uno de sus más recientes trabajos, Simbología Sagrada: las claves ocultas de la Historia de las Religiones. Durante el Cretácico  crecían alrededor del mundo en zonas árticas. Luego, el paso del tiempo las fue desterrando a zonas más específicas como el norte de África, Arabia y los márgenes de los ríos Tigris y Éufrates. Aunque había excepciones, como la mencionada por Plinio el Viejo (23 – 79 d. C.), que sitúa ejemplares en el archipiélago canario.

¿Y qué hay de su significado simbólico? Eso también viene de muy antiguo. Ya los babilonios sabían que estos árboles eran machos y hembras, y debían polinizar los primeros a los segundos para producir fruto. En el Líbano había enormes bosques de la variedad Phoenix, que dio nombre a la ancestral Fenicia. También da su nombre a la legendaria Ave Fénix, que renacía de sus propias cenizas. En la Grecia clásica, representaciones de dos de estas aves juntas junto a una palmera significaban la inmortalidad en su mayor esplendor. Sin movernos de territorio heleno, dentro de su mitología encontramos a este árbol como la planta sagrada del Jardín de las Hespérides. Era hija del dragón Ladón y de la diosa Noche. Asimismo, se la consideraba imagen de la fertilidad y la abundancia.

No se puede perder de vista tampoco el uso que se ha dado a este árbol en la tradición judeocristiana. En el Antiguo Testamento encontramos que se usaron ramas de palmera para cubrir el Tabernáculo, lugar donde se encontraba el Arca de la Alianza con las famosas Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés. Ya los griegos agitaban ramas de palmera en señal de victoria, costumbre que adoptaron luego los cristianos, sobre todo en Domingo de Ramos. Según el Evangelio de Juan, la entrada de Jesús en Jerusalén fue festejada por los allí presentes con ramos de palmera. En el Corán, María dio a luz a Jesús a la sombra de una de ellos, y no en el pesebre o cueva como dice la Biblia.

A pesar de todo lo dicho, aun se ha de mencionar el uso iconográfico, objetivo primordial de este artículo: la palmera como Axis Mundi, eje cósmico que sujeta el mundo y conecta con lo sagrado. En templos de todo el mundo se convertían en guardianes del recinto, representadas en las puertas. Pero también en forma de imponentes columnas, y es aquí donde entra en juego una ermita mozárabe construida a finales del siglo X o principios del XI, que esconde en su interior un simbolismo complejo que contrasta enormemente con su aparente simplicidad. Es San Baudelio de Berlanga, situada en la provincia de Soria.

Un Árbol de la Vida muy peculiar

En su interior, este templo posee una mezcla de elementos cristianos y mozárabes muy bello estéticamente. Al lado derecho de la entrada se pueden ver columnas que dan forma a veintisiete arcos en herradura, que sostienen la tribuna superior. Bajo la misma hay una cripta, una cueva que se adentra en el terreno calizo sobre el que se asienta la ermita. En la antigüedad había muchas pinturas en San Baudelio de Berlanga, pero el abandono del templo y la titularidad del mismo –pertenecía a algunos particulares– llevaron a la venta de las mismas al anticuario judío de origen italiano León Leví, que las compró por 75.000 pesetas en 1925 y se las llevó a EEUU. Una desgracia que, sin embargo, no debe distraer del primordial objetivo: la columna-palmera que ocupa el mismo centro del edificio.

Planta de la ermita de San Baudelio. Fuente: Creative Commons.

La cúspide de la columna, que debería tener representada la copa, tiene en su lugar un recinto ovoidal oculto, que tiene como único acceso la tribuna superior. El habitáculo oculto mide 2,10 metros de altura y tiene una cúpula en miniatura de ocho nervios. ¿Para qué se usaba este “pequeño huevo”? Unos dicen que para guardar reliquias del santo, otros que para pequeña vivienda para alguno de los monjes, al modo de Simón el Estilita, santo del siglo V que decidió subirse a una columna para orar y llevar una existencia ascética. Aunque, teniendo en cuenta el simbolismo de la palmera que se ha trazado en párrafos anteriores, hay que darle un uso más, uno diferente: un habitáculo para iniciaciones.

La columna tiene una pequeña capilla adosada a la misma, que se uniría a la cripta y al ovoide semioculto para formar tres santuarios o etapas de la iniciación: la columna-palmera es el Axis Mundi que conecta el inframundo con lo celestial, representados por la cueva y el “huevo cósmico” respectivamente. Santiago Sebastián, historiador del arte y experto en iconografía, habla así del árbol (cita extraída de Ars Secreta, obra de Javier García Blanco, que a su vez la toma de mensaje simbólico del arte medieval de Sebastián): "Simboliza el carácter cíclico de la evolución cósmica en las fases de muerte y regeneración como señalan la caída de las hojas y la aparición de otras nuevas. Como símbolo cósmico relaciona tres niveles: subterráneo (porque hunde sus raíces en el suelo), terrestre (a nivel del tronco) y celeste (porque su copa sube hacia el cielo). Además, el árbol está compuesto por cuatro elementos del mundo sublunar: agua (la savia), tierra ( tronco y raíces), aire (lo toma por las hojas) y fuego (mueve nerviosamente las hojas. El árbol permite las relaciones de la tierra con el cielo porque hunde sus raíces en el suelo y eleva sus ramas hacia el cielo, así que posee en ese sentido un carácter centralizador hasta el punto de que el Árbol del Mundo es un Axis Mundi, y como tal existe en todos los pueblos y culturas".

Se estaría por tanto, ante un Árbol de la Vida sefirótico, inspirado en la Cábala hebrea. El enlace entre Infierno, tierra y Paraíso a través de una representación –en este caso, pétrea– que ayude a los neófitos a conectar con lo sagrado y convertirse en iniciados. Es ahí donde parece más probable que resida el secreto de San Baudelio de Berlanga. Una ermita que pudo ser usada posteriormente por templarios, que se interesaron por su particular estética, y que bien pudieron imitar como ejemplo para otros templos.

Fuentes:

- Ávila Granados, Jesús. Símbología sagrada: las claves ocultas de la Historia de las Religiones. Diversa, 2017.

- Callejo Cabo, Jesús. La España fabulosa. Planeta, 2016.

- García Blanco, Javier. Ars Secreta: claves ocultas y simbología hermética en el arte. Espejo de Tinta, 2006.