El conocido como “Asunto de los Venenos” fue uno de los más célebres y escabrosos acontecimientos que tuvieron lugar en la Francia de la segunda mitad del siglo XVII, coincidiendo con el reinado de uno de sus más poderosos soberanos, Luis XIV (1643-1715).

Las primeras noticias sobre este escándalo fueron conocidas en 1679, cuando el Jefe de la Policía Metropolitana de París, Gabriel Nicolás de la Reynie (considerado el fundador del primer cuerpo de policía moderno), desveló tras una concienzuda investigación, que un importante número de nobles y miembros de la burguesía, además del propio hermano del rey, Felipe de Orleans, estaban implicados en el mismo. Tanto unos como otros se habían servido de los servicios de adivinos y curanderos con el objetivo de eliminar a sus posibles adversarios mediante el empleo de diversos venenos, pócimas y hechizos.

Entre los implicados de mayor renombre, aparte del ya mencionado hermano del monarca, estaba Madame de Montespan, amante de Luis XIV, que acabaría siendo condenada por haber utilizado brebajes y hechizos para mantener el favor del soberano, además de tomar parte activa en misas negras y de atentar contra la vida de Mademoiselle de Fontages, su principal antagonista. Las acusaciones contra Montespan nunca pudieron ser comprobadas fehacientemente, pero estas causaron un importante revuelo y un apreciable menoscabo al prestigio de la monarquía francesa.

Unos años antes, en 1675, tras el juicio efectuado a la Marquesa de Brinvilliers, acusada de haber envenenado con la ayuda de su amante, Godin de Sainte-Croix, a varios miembros de su familia, se tuvieron los primeros indicios de unos incidentes de mayor gravedad que acabarían por dar forma al “Asunto de los Venenos”.

La marquesa acabó siendo ejecutada, hecho que escandalizó a la opinión pública francesa de la época y desencadenó un ambiente de paranoia entre la nobleza, temerosa de morir envenenada. El mismo rey decidió utilizar un catador ante la posibilidad de que se estuviese fraguando un complot para acabar con su vida.

Las pesquisas dieron un giro inesperado con el arresto de una adivina llamada Magdalene de la Grange, que pese a su clase social, gozaba de importantes contactos en la Corte, como el Marqués de Louvois, a quien había pedido ayuda, pero este no pudo o no quiso interceder ante las autoridades.

Gracias al interrogatorio realizado por el propio Reynie, se supo que un destacado número de adivinos, magos y brujas habían tomado parte en varios intentos de asesinato mediante la elaboración de letales pócimas y venenos. De la Grange acabó siendo ahorcada, y gracias a su confesión, se detuvo a la práctica mayoría de videntes y adivinos de París, a los que posteriormente se interrogaría.

Entre los detenidos estaba Catherine Deshayes Monvosin, más conocida como La Voisin, que no dudó en revelar la identidad de sus más distinguidos clientes, como la Condesa de Soissons (una antigua amante del rey) y su hermana, la Duquesa de Bouillon, así como el Duque de Luxemburgo y Madame de Montespan.

La Voisin fue encontrada culpable de todos los cargos en su contra y condenada a morir en la hoguera acusada de brujería, no sin antes acusar a Madame de Montespan de haberla contratado para que elaborase filtros de amor para conservar la atención del rey, además de otros hechos mucho más graves, como haber tomado parte activa en la celebración de misas negras en donde se habían sacrificado niños de corta edad. La Voisin afirmó que Madame de Montespan había realizado un pacto con el Diablo, al cual había ofrecido su cuerpo en varias ocasiones a cambio de mantener su posición como favorita del rey. También acusó al abad Ettiene Guilbourg de ser el artífice de las misas negras, las cuales dirigía personalmente.

Retrato anónimo de Madame de Montespan

​Debido a la ruina del negocio de su marido, el joyero parisino Antoine Monvoisin, Catherine comenzó a dedicarse a la práctica de la quiromancia y la lectura del rostro para contribuir a paliar, dentro de lo posible, la maltrecha situación económica de su familia. También ejerció como curandera, llegando a practicar algunos abortos. Con el fin de ganarse la confianza de sus clientes, La Voisin les hacía creer que poseía dones sobrenaturales, para lo cual gastó importantes sumas para acondicionar su gabinete para crear una atmósfera propicia. Entre los años 1665 y 1666 sus actividades llamaron la atención de las autoridades al ser denunciada por unos sacerdotes de la Orden de San Vicente de Paúl, pero finalmente se quedaron en meras acusaciones sin fundamento alguno. Años más tarde comenzó a vender afrodisiacos y venenos a sus clientes, además de organizar rituales mágicos y misas negras junto a un mago y ocultista llamada Adam Lesage, que acabaría siendo ejecutado tras demostrarse su implicación en el “Asunto de los Venenos”, además de contar con la ayuda de los abades Guilbourg y Mariotte, que se encargaron de la realización de algunas misas negras, y de la vidente y envenenadora Catherine Trianon.

Madame de Montespan tomando parte en una misa negra

En 1667, Madame de Montespan había contratado los servicios de La Voisin para que organizase una misa negra en la cual poder pedir al propio Diablo que le ayudase a mantener el favor real. El ritual tuvo lugar en la parisina calle de la Tannerie, siendo oficiada por Adam Lesage y Mariotte. Parece ser que las invocaciones tuvieron éxito, ya que Madame de Montespan logró mantener la atención del Rey Sol. Hacia 1673 el interés del monarca por Madame de Montespan comenzaba a desvanecerse, por lo que esta volvió a pedir a La Voisin que organizase varias misas negras que esta vez fueron oficiadas por el abad Guilbourg, en donde la noble se ofreció como altar en una de estas misas, poniendo su alma a disposición del Diablo.

En lo que se refiere a Guilbourg, en su época fue considerado como un personaje siniestro debido a sus amplios conocimientos alquímicos y por afirmar insistentemente que se trataba del bastardo del Duque de Montmorency, llegando a ocupar el puesto de sacristán de la Basílica de Saint-Denis. Pese a su condición de sacerdote, mantuvo relaciones con una mujer llamada Jeanne Chanfrain, con la cual tuvo varios hijos. Guilbourg acabaría siendo arrestado y condenado a cadena perpetua, muriendo en 1686.

Pese a que la implicación de Madame de Montespan en estos hechos nunca pudo demostrarse y el propio Luis XIV siempre albergó dudas al respecto, sus hombres de confianza aconsejaron al soberano que se distanciase de ella.

En total fueron acusadas 422 personas, pero finalmente tan solo 36 fueron acusadas de los hechos, la mayor parte adivinos y similares que acabaron siendo condenados a muerte. Los nobles implicados fueron exonerados de toda culpa con el fin de evitar un escándalo que pudiese poner en entredicho el prestigio de la Corona. Madame de Montespan fue recluida en el Convento de las Hijas de San José de París, en donde moriría en 1707.

Entre los detalles más escabrosos de las investigaciones conducidas por Reynie y la Policía Metropolitana de París, se encontraron los cuerpos de varios niños, que presumiblemente habían sido sacrificados en las misas negras y que habían sido comprados por La Voisin a varias prostitutas.

 

Bibliografía

Extractos de los juicios de La Bastilla a Guilbourg y La Voisin:  http://www.angelfire.com/az3/synagogasatanae/zacharias.htm

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