La moda y el 'Efecto Halo'
Foto adquirida en tillforreal.tumblr.com

Desde hace ya un tiempo, la ropa dejó de tener la única función de cubrir nuestro cuerpo. Ahora también puede llegar a transmitir nuestro estado de ánimo, nuestros gustos e incluso nuestra personalidad.

Parece increíble, ¿verdad?  Hay colores que transmiten alegría, fuerza, sobriedad, tristeza… Eso es algo que con el tiempo hemos podido ir adquiriendo, y sabemos que para ciertos eventos o circunstancias unos colores son más acertados que otros. Con ello, podemos saber cómo se puede llegar a sentir una persona por la gama cromática de su ropa.

El Merchandising también ha tenido mucho que ver en el reflejo de nuestra personalidad. Las camisetas con obras de arte pueden dar pinceladas de qué movimiento artístico o pintor te gusta. Las de conciertos o grupos  musicales también tienen su público y cada vez es más común ver a jóvenes y adultos con estas camisetas o sudaderas, cuando antes era algo muy peculiar. Gracias a ello, sabemos los gustos de muchas personas y su nivel de fanatismo.

Sin embargo, lo que nos trae aquí es mucho más intrínseco. Va mucho más allá.

¿Cuántas veces hemos entrado en una tienda y no hemos comprado cierta prenda porque la hemos asociado a un grupo contrario a nosotros? En general, vestimos lo que queremos ya que solemos tener un estilo propio. Pero lo que es un hecho, es que nuestra capacidad de prejuicio es aplicable también a la ropa.

No sería la primera vez que si vemos a una persona de aspecto desaliñado pensamos que es alguien despreocupado o muy dejado que nos puede llegar a transmitir cierta desconfianza. Que una persona más arreglada nos dé la impresión de ser muy “pijo”, coqueto o de clase pudiente. También hay estilos que nos llaman la atención, nos transmiten miedo o incluso nos dicen el estilo de vida que puede llevar esa persona.

En general, dejamos que una prenda o un estilo nos lleven a encasillar a una persona. Este proceso tiene nombre propio y se llama Efecto Halo.

El Efecto Halo es atribuido al psicólogo Edward L. Thorndike en 1920. Por aquel entonces, comprobó su teoría en el ejército, el cual tenía impresiones positivas y negativas según los factores externos o ciertas cualidades. En resumidas cuentas, es la realización de una generalización errónea a partir de una sola característica sobre un sujeto. Es decir, es un juicio previo con la que generalizamos el resto de características.

Emitimos juicios de valor de forma habitual y la mayoría de las veces sin ser completamente conscientes de ello. Nuestro cerebro tiene la curiosa necesidad de clasificar todo lo que le rodea, hace más sencillo el entendimiento y el conectar conocimientos. Sin embargo, este proceso no puede llevar a error.

En las redes sociales, vemos un 1% de la vida de las personas a las que seguimos, y ese 1% es relativo, ya que vemos lo que quieren que veamos y enseñamos lo que queremos enseñar. Pues con la ropa pasa exactamente lo mismo. No lo sabemos todo de esa persona por el hecho de que vaya de negro, no vaya arreglada o que, por el contrario, sea de esas personas que se arreglan mucho. La apariencia engaña. Esto es aplicable a esas prendas que no adquirimos porque cierto grupo social, tribu urbana o incluso personas de otra ideología usan.

 Así que, ya sabéis, intentemos dejar los prejuicios de lado en cuanto a ropa se refiere. La moda es para jugar con ella y hacer combinaciones explosivas. No dejemos que los prejuicios maten eso.

 

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