Por el desfiladero de la emoción, la razón se agolpa a las puertas de la noticia, en el Salón de los Pasos Perdidos, con el color de las violetas húmedas y el aroma de la despedida, rendimos el merecido tributo que un genio merece. Pues la pluma de Eduardo Germán María Hughes Galeano se detuvo a orillas del Río de la Plata. Ahora que se ha marchado a la edad de 74 años, le imaginamos aguardando una linda jugadita en su cielo marxista, sentado en un graderío de nubes junto a Antonio Gramsci, Gianni Brera y Roberto Fontanarrosa, allá dondequiera que haya fútbol, dondequiera que haya crítica, periodismo y letras. Porque usted, profesor Galeano fue un descarado carasucia de las letras que se salió del libreto y cometió el disparate de gambetear a todo el mundo por el puro goce del que se lanza a la prohibida aventura de la libertad. Ferviente narrador de historias, consiguió escribir con el corazón sin perder la razón en ningún momento. Galeano luchó denodadamente por vencer al eterno divorcio entre la razón y la emoción, la cabeza y el corazón, intentando escribir con un estilo ‘sentipensante’, algo que indudablemente le diferenció de la media. Es esa sin duda una de sus grandiosas virtudes, uno de sus mayores legados, la genial capacidad que poseía para trabajar a la vez con las ideas y las emociones, de pensar y sentir al mismo tiempo. Por eso su mensaje nos llegó tan profundamente.

Nacido en Montevideo (Uruguay) el 3 de septiembre de 1940 en el seno de una familia de clase alta y católica, en su juventud se desempeñó como obrero de fábrica, transportista, pintor, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco y dibujante, cualidad esta última que definió su entrada en el mundo del periodismo. Tenía catorce años recién cumplidos cuando le llevó unas caricaturas a Don Emilio Frugoni, que por entonces era el director del semanario socialista que se llamaba El Sol, publicando sus primeras creaciones firmadas como Giu, siendo prácticamente un niño. De esta forma entró en el periodismo para no volver a salir, y como él mismo dijo, fue habitante de esa casa mágica que es el periodismo.

Comenzó como editor del semanario Marcha en 1960, en el que acabaría siendo redactor jefe coincidiendo entre otros con enormes figuras como las de Mario Vargas Llosa y Mario Benedetti. De esta forma se fue igualmente orientando su brillante viaje por el mundo de las letras. Eduardo tuvo una infancia católica y una adolescencia marxista, dos influencias que le marcaron profundamente, por esas convicciones, por su personalísima concepción de Latinoamérica, el mundo, el fútbol y la vida, el poeta de la zurda se convirtió en uno de los grandes referentes y líderes de la palabra. Sentando cátedra de vida con ese hablar pausado, modulado, cautivante, como dejando caer palabras que se posaban suavemente con una melancolía exquisita sobre sus oyentes. Su naturaleza crítica y reflexiva le permitió reflejar y rescatar con enorme precisión el drama de América en su multidimensionalidad. Fue uno de los fundadores del semanario Brecha, heredera de Marcha, una de las referencias de la prensa de izquierdas de América Latina.

Futbolerías

Como todo uruguayo, Galeano nació gritando gol y jugaba al fútbol francamente bien, pero a la luz de las estrellas, de noche y soñando filigranas. Don Eduardo era el peor pata de palo de la historia de su país, y con el paso del tiempo no tuvo otro remedio que asumir su identidad, convirtiéndose en un mendigo del buen fútbol, siendo su mendicidad un maravilloso vehículo para contarnos y describirnos de forma prodigiosa lo bueno y malo de este juego. Todo aquello que nos llegó rodado y directo al corazón, en el viaje de la pelota por los distintos genios que la convirtieron en un ser vivo. Un tipo que fue por el mundo sombrero en mano, suplicando una linda jugadita de Fútbol a sol y a sombra. Obra maestra del balón e hierofante de la única religión que no tiene ateos, extraordinario relator de historias que nos deja vacío el estadio de nuestro corazón, en el que se escuchan sus inmensas palabras. La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita, los pies son manos, las manos plumas y las plumas sus letras. Como el fútbol, fue música para el oído y fiesta para los ojos, jamás se cansó de jugar a ser libre. La pelota se toca como si fuera una guitarra y el fútbol es entonces música, justo lo que hacía el Profesor nadie al dibujar las palabras. Pues nadie como Galeano definió al fútbol y sus ídolos, los laberintos dibujados por las piernas de Pelé, el Maradona que dormía abrazado a la pelota y de día con la izquierda (al contrario de como dicen que se debe hacer) hacía prodigios con ella demostrando que la fantasía de una pelota atada al pie podía ser eficaz, Romario, tigre venido de no sé qué región del aire, desde la que aparecía pegaba su zarpazo y se esfumaba, o la inexplicable e inverosímil capacidad para llevar el balón dentro del pie de Leo Messi…

Publicó más de cuarenta y un libros, destacando de manera muy especial Las venas abiertas de Latinoamérica, La Canción de nosotros y la trilogía del FuegoEl libro de los abrazos, libro que destila América en cada línea, la obra de un trovador que tiene la extraordinaria capacidad de recrear el mundo. Su obra traducida a más de veinte idiomas es una perpetua y polémica interpretación de la realidad de América latina, siendo sin duda una de las más certeras y profundas radiografías del continente. Cronista brillante que supo retratar la sociedad contemporánea, recibió en dos ocasiones el premio Casa de las Américas. Su cosmovisión del mundo y su manera de pensar le llevó a escribir para los que no pueden leerle, para los de abajo, para los que aguardan desde hace siglos en la cola de la historia, los que no saben leer… para hacer el ejercicio de la literatura con la bandera de la dignidad del arte.

Sentirazón

Su naturaleza crítica le llevó a aseverar que el mundo estaba sometido a una vasta dictadura invisible. A esgrimir con enorme ‘sentirazón’ que jamás la solidaridad se cotizó tan bajo en el mercado mundial. Defendiendo que la caridad estaba mejor vista pero que el supergobierno del mundo nunca ofreció ningún Ministerio de Economía a la Madre Teresa de Calcuta. Su gran desafío, fue denunciar que los gobiernos, estaban gobernados por un puñado de piratas que decidían la suerte de la humanidad, dictando un dudoso código moral en el que siempre eran los poderosos los grandes beneficiados. Por ello en ese desafío ensalzó la carta de Marcos, que decía ser zapatista en México, también gay en San Francisco, negro en África del Sur, musulmán en Europa, chicano en Estados Unidos, palestino en Israel, judío en Alemania, pacifista en Bosnia, mujer sola en cualquier metro a las diez de la noche, campesino sin tierra en cualquier país, obrero sin trabajo en cualquier ciudad. Esta fue su forma de demostrar que los zapatistas estaban en chiapas, pero que en realidad estaban en el mundo entero siendo en realidad un grito universal. Así era Eduardo Galeano, un mago de la oratoria, el pensamiento y las letras en el potrero de la vida.

Los nadies de Don Eduardo

Quizás no pudo usted cambiar el mundo, pero alertó con enorme eficiencia la necesidad de qué debería ser cambiado, les puso nombre y voz a los olvidados. Sueñan los nadies con salir de pobre, pero la buena suerte no llueve ayer ni mañana ni nunca, por mucho que las nadie a los que quiso dar voz la llamen, ni aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho o comiencen el año cambiando de escoba…que no son aunque sean, que no hablan idiomas sino dialectos, que no hacen arte sino artesanía, que no practican cultura sino folklore, que no son seres humanos, sino recursos humanos, que no tienen cara, sino brazos, que no tienen nombre sino número, que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local, estos son 'Los Nadies' del mundo, los de Galeano, los nuestros, aquellos que cuestan menos que la bala que los mata. La razón al servicio del hígado, lo que las entrañas sienten le situaron al lado de los que siempre perdían, pues desde muy joven sospecho que eran ellos los que verdaderamente tenían algo interesante que decir, de ahí surgió su pasión por los no escuchados. Para Galeano la naturaleza y el hombre son la misma cosa, no es para nada un jardín del ser humano y por tanto al perderle el respeto se maltrata a sí mismo. Nada es blanco o negro, las cosas no son como parecen que son y sobre todo no son como el poder dice que son. Pues como muy bien dijo usted maestro las únicas palabras que merecen existir son las palabras que mejoran el silencio, sus palabras Don Eduardo.

El 13 de abril de 2015, el sol se echó a dormir bellamente en la hamaca del horizonte, Eduardo se sintió triste de morir y no poder verlo, pero inmensamente feliz de haber vivido del lado correcto. Nos dibujó un chanchito y se despidió con un maravilloso delirio. Nosotros que ya le añoramos, decidimos acompañarle a delirar un poquito, clavando con el maestro los ojos más allá de la infamia para imaginar otro mundo posible. Aguárdenos en su cielo, pues ese, su mundo, será el que siempre nosotros quisimos. Hasta siempre y muchas gracias maestro porque sus palabras seguirán posándose sobre nosotros. Como ser imperfecto, fue capaz de vivir cada día como si fuera el primero y la noche como si fuera la última...