“Algunas noches el Coronel oía llorar a un niño en la oscuridad. Al principio se preguntaba quién se­ría, puesto que hacía muchos años que en la casa no vivía ningún niño. Solo quedaba, en la mesilla de noche de Madre, una fotografía sepia, una son­risa transparente y errática —quién sabía ya si de Madre o del niño—, flotando en la noche, como una luciérnaga alada.” Así empieza la novela dada a conocer el pasado martes en el Instituto Cervantes y que, según su hijo, Juan Pablo es  “La Matute en estado puro”.

Con tono de despedida, la editorial Destino  publica la obra. Esta casa, donde ella era muy apreciada, ha querido conmemorarla así, cerrando con ello  su trayectoria literaria.  Más de sesenta años han pasado desde que  Destino  publicara su primer cuento, “El chico de al lado”  pero muy pocas son las diferencias  que existen, en lo que a estilo se refiere,  con  Demonios familiares”.  Mari Paz Ortuño, su última colaboradora, ha constatado: “Me gusta esa idea de eterno retorno, porque hace pensar en que ella misma sabía que estaba cerrando un ciclo”.  Ortuño, que puede presumir de ser la que más tiempo pasó durante con ella en los últimos años, ha sido la encargada de pasar el manuscrito  a ordenador. 

"`Demonios famliares`es la Matute en estado puro"

La trama, que se sitúa en 1936,  gira en torno a Eva, una novicia que huye del convento en el que vive tras ser quemado por los republicanos.  En la vuelta a casa, se reencuentra con su padre, un viejo Coronel que ve la vida a través del espejo y los criados, además de cargar con dos luchas interiores: el regreso a su hogar y el lúgubre recuerdo de su madre, fallecida durante el parto. El libro que está sin terminar pues solo hay escrito hasta el capítulo dos de la segunda parte, deja sin resolver los conflictos, cuyos ejes centrales son la incomunicación familiar, la posguerra o el amor, entre otros.

El acto, presentado por Víctor García de la Concha, Almudena Grandes, Emili Rosales y Silvia Sessé,  ha servido de homenaje  y para contar como han sido sus últimos años. Se han contado un par de anécdotas y se ha resaltado su talento.  En palabras de Almudena Grandes, es una de las mejores escritoras del siglo XX. 

 La escritora que padecía mareos casi a diario estuvo a punto de llamarla así: Vértigo, al más puro estilo hitchconiano. Había días en los que no podía ni levantarse de la cama; ello no quita que no se esmerase en cada palabra que escribía, pues como confiesa Ortuño en el epílogo del libro  “El parto de Demonios familiares  fue una auténtica lucha, un entregarse en cada una de las frases, de las palabras, de las ideas”.