Un día cualquiera a una hora cualquiera, se encuentra en su despacho con El País, Le Monde o The Times entre las manos. Analizando qué ocurre, qué está pasando, cómo evoluciona el mundo. Se trata de Iñaki Gabilondo. El prestigioso periodista que ha presenciado los acontecimientos de las últimas décadas de España: el cambio de la dictadura a la democracia, la presión política y económica que sufren los medios de comunicación así como la evolución del periodismo hacia los infoshows, presume de haberlo podido hacer "desde un balcón formidable".

Pregunta: Iñaki Gabilondo, cincuenta años de periodismo. ¿Cómo se encuentra?

Respuesta: Bien. Sorprendido con la cantidad de cosas que tengo que hacer, porque creía que iba a vivir mucho más tranquilo. Pero tengo una actividad tremenda, ¡desenfrenada!

P: Por sus micrófonos han pasado muchas personas anónimas, personalidades, noticias, historias… ¿Con qué se queda? ¿Qué le ha enseñado el periodismo?

R: El periodismo me ha enseñado todo lo que sé. He pasado toda mi vida viendo cómo cambian las cosas, el día a día, viendo cómo se iban transformando las realidades y viendo a las personas que protagonizaban los cambios de esas realidades. En cincuenta años he visto tantas cosas que han cambiado en este país, que me resulta muy difícil resumir. He tenido la ocasión de hablar con toda la gente significativa de este país y también con gente corriente y moliente. Yo creo que me ha dado la oportunidad de asistir como un privilegiado, desde un balcón formidable, desde una posición muy buena, al espectáculo del cambio del día a día. Y encima que en este país en estos años ha sido tan tremendo.

P: ¿El periodismo ha evolucionado mucho? ¿Estamos hoy en día en el máximo de nuestra libertad o estamos sufriendo retrocesos?

No ha habido nada tan significativo como fue la llegada de la libertad y de la democracia.

R: El cambio más significativo yo suelo decir que es ese, porque ha habido muchos más. Porque en todos estos años ha cambiado el país de manera absoluta, el periodismo y todo lo que ha pasado dentro del país. Pero no ha habido nada tan significativo como fue la llegada de la libertad y la democracia, que para este oficio es fundamental. Y en el capítulo de libertad, yo creo que ahora mismo se vive en un país en el que existe una absoluta libertad, no existe ningún problema. Existen presiones que la sociedad ejerce sobre los que tienen algún poder de comunicación y los que tenemos algún poder de comunicación, pero los que tenemos también un cierto nombre nos defendemos muy bien, porque a nosotros nadie se atreve verdaderamente a presionarnos, como se suele decir. […] La presión la padecen más los jóvenes redactores, los que no tienen las posibilidades que tenemos nosotros, los que viven en pequeñas ciudades donde la influencia de la publicidad y la política es muy directa sobre esa redacción; entonces ahí sí que se vive con gran dureza.

Pero no sólo es la presión de la política, es la presión de la economía, de todo, y todo quiere decir todo. Es decir, si mañana el que organiza el campeonato del mundo de ciclocross en no-sé-dónde, presiona a los medios para que procuren darle la mayor cobertura, así es todo. Cuando yo trabajé en la televisión, el poco tiempo que estuve allí, que solo había una televisión, la presión política se comentaba mucho, pero se mencionaba menos todo el resto de las presiones. Si se celebraba el centenario de Santa Teresa los organizadores querían que la televisión le hiciera mucho caso, entonces te topabas con una fuerte presión. Pero eso no quiere decir que se viva en un régimen de libertad limitada, se vive en un régimen de libertad plena, pero en la libertad plena están viviéndose las tensiones de la vida común, como también le ocurre a una persona que no sea periodista. Si yo te pregunto ¿Tú vives en libertad? Pues sí: dentro de los códigos del juego de la vida, que está cargado de elementos de tensión. Pero sí. En España, ahora mismo, el problema de la libertad de expresión no existe. Existen las dificultades de gestionarla, en un momento además de dificultad, cosa que lo agrava.

P: Y ahora que usted habla de libertad, ¿Hay mucho cambio en el paso de la dictadura a la democracia?

R: Pues sí. La gente cuando habla del paso de la dictadura a la democracia cree que de repente había partidos políticos y había Parlamento. Parece que el cambio de la dictadura a la democracia es eso: que vivíamos como vivimos ahora pero que no había Parlamento y no había democracia. No. No podías ir a ver las películas que quisieras ver. No podías leer los libros que quisieras leer. No podías reunirte con quien te quisieras reunir. No podías expresar los pensamientos que tenías. No podías enamorarte de quien te querías enamorar. Ni vivir como querías vivir ni donde querías vivir. De manera que no se trata solo de que hubo partidos y antes no había partidos, o de que hubo Parlamento y antes no había Parlamento. La diferencia es tan radical, que yo creo que si a vosotros os llevaran de pronto a la vida de esa dictadura, no aguantaríais mucho tiempo. No lo podríais soportar porque no afecta solo al tema de la política: es toda la vida, que se vive como en un cuartel. Entonces, claro, la libertad es el trato fundamental, el oxígeno fundamental, es la mayor y la más importante de las cosas que se pueden necesitar y, quien ha conocido la no-libertad lo sabe muy bien.

P: ¿Cómo cree que están actualmente los periódicos de ideologizados?

En ningún lugar avanzado de la tierra a nadie le parece que un medio de comunicación deje de ser independiente porque tenga una ideología.R: Los periódicos de todo el mundo tienen su ideología. En España, hay una corriente de pensamiento muy naif que cree que el que tiene un pensamiento y una ideología ya no es un periodista independiente. Por lo tanto, para ser independiente deberíamos, de pronto, haber brotado de un cometa y no ser hijo de nuestra memoria, nuestros pensamientos, nuestros puntos de vista… En todo el mundo se sabe que los periodistas tienen ideología porque todo el mundo tiene ideología: los panaderos, los testigos de Jehová, los tocadores de flauta… Pero en España ha habido siempre una mirada un poco pueril, si piensan que uno es de izquierdas ya no puede ser independiente y si uno es de derechas ya no puede ser independiente. Para llamarle independiente necesitan que no sea de nada, y eso no existe. Se puede ser de izquierdas e independiente y de derechas e independiente, o de izquierdas y no independiente y de derechas y no independiente. La independencia hace referencia a que uno diga lo que quiere decir y no a que uno diga lo que le obligan a decir. Ahí es donde se pierde la independencia, sin estar relacionado con la ideología o con la no-ideología. Parte de la confusión se explica porque en el pasado se han cometido muchos errores al acercarse las políticas y los medios de comunicación.

Yo digo muy a menudo que no hay ningún periodista, ningún ciudadano inglés que no sepa que The Guardian es un periódico más progresista como en Francia Le Monde y no por ello nadie les considera no independientes. Tienen su ideología como todos, por tanto, lo que hay que ver es que no exista una dependencia con las fuerzas políticas de las cuales son afines. Naturalmente si tú eres un hombre de pensamiento más conservador te colocas en una posición de mayor afinidad al PP que a IU pero no se trata de que tú no tengas esa afinidad, porque la vas a tener, sino de que no actúes al dictado de ese partido o pactando con ese partido. Esos son los juegos de la independencia. Por lo tanto, estos acuerdos deben ser señalados y criticados pero no deben llevarse al extremo de considerar la no independencia de esa ideología. Eso demuestra nuestra bisoñez. En ningún lugar avanzado de la tierra a nadie le parece que un medio de comunicación deje de ser independiente porque tenga una ideología. Además, esto es bastante nuevo ya que en España, el periódico ABC ha sido bastante ideológico toda su vida, mostrándose a favor de la monarquía y no por esto le han tachado de no ser independiente. Precisamente, los periodistas son los que han introducido esta confusión acusando a otros compañeros de no ser independientes por tener otra ideología, así que, por favor, vamos a colocar las cosas en su sitio: denunciar los contubernios y sin embargo no caer al considerar no-independiente a alguien por tener una ideología.

P: Durante el 23-f tuvo el privilegio de ver la entrada de los militares en RTVE. ¿Cree que los políticos podrían hacer algo más para evitar situaciones como el 23-f, siendo más transparentes y haciendo más entrevistas?

R: Los políticos deberían, desde luego, cambiar, tienen que cambiar, es imprescindible que cambien porque se está produciendo un agujero abismal entre la sociedad, sobre todo el sector más joven, y la política. Tienen que hacer muchas más cosas de las que hacen, tienen que cambiar por completo, sería objeto de otra larga conversación pero yo creo que la política debe cambiar por completo, yo creo que la democracia debe cambiar por completo. Yo creo en la democracia pero la democracia es una herramienta que está oxidándose y que tiene necesidad de ser reajustada para que el parlamento sirva para algo, para que los partidos vuelvan a ser reconocidos…, tiene que haber cambios muy importantes pero no ya exactamente para evitar un 23-f porque en este momento tentaciones involucionistas o de acabar con la democracia no percibo que haya.

P: Usted participó en el programa de Jordi Évole del 23-f que era un montaje. ¿Qué opina usted del programa?

R: Si yo llego a saber que Pilar Urbano iba a publicar un poco después el libro que ha armado el “lío padre”, seguramente no lo hubiéramos hecho. Pensábamos que no tendría una especial importancia porque no queríamos engañar, era un pequeño juego porque si se hubiera querido engañar no se hubiera dicho al final que era mentira y, sobre todo, no se hubiera insertado la gran cantidad de cosas chuscas e inverosímiles que iban haciendo que toda la gente fuera más o menos dándose cuenta. Pero efectivamente, hubo gente que le supo mal. Yo le dije a la gente lo siento, le pido disculpas en nombre de que estamos en cierto sentido legitimados los que pasamos tantas amarguras durante aquel día para hacer una pequeña broma, sabiendo que no se quería engañar, pero al cabo de muy poco aparece Pilar Urbano con el libro que arma tal zapatiesta y entonces es cuando yo dije -¡Caramba, en mala hora se nos ha ocurrido hacer esa broma!- Pero ya digo fue una cosa que tenía un sentido, no sé si toda la gente lo habrá interpretado así, no sé si fue un acierto o un error, nunca he sabido si lo que hago es un acierto o un error, sé que lo hago con una cierta intención y luego sale de una manera o de otra. […]

P: ¿Cree que sirvió como crítica a la manipulación periodística?

R: No, para la manipulación periodística no creo. Más bien era un asunto relacionado con la manipulación de la historia. La manipulación de la historia no es una manipulación periodística, es mucho más. Ahora hay muchos historiadores que han vendido muchos libros vendiendo una versión de la guerra civil que se la han inventado ellos solos, o que la han ensoñado. […]

P: Hubo una gran opacidad, no se querían mostrar todos los documentos…

R: Por eso quiero decir que el hecho de que si pasados 30 años quedaban enigmas y había tesis cruzadas y teorías, especulaciones, etc., en parte podría ser también porque no se hayan puesto sobre la mesa como tú dices, todos los documentos oficiales que hablaban al respecto y acabaran con todas las especulaciones. En el fondo era un poco eso lo que se quería decir.

P: ¿Dónde está la frontera del periodismo y de lo que no es periodismo? Cada vez se agrupan más tertulias que rozan el espectáculo. Usted ha presumido que nunca ha tenido contertulios en el espectáculo, ¿Dónde está el límite?

R: La televisión se está dirigiendo por la vía del espectáculo. El cliente siempre tiene razón. Si he tenido 7 millones de espectadores tengo razón aunque haya sido

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un espanto lo que yo haya contado. Eso no se compadece en nada con el pensamiento del periodista, el periodista no tiene esa idea. La teoría del espectáculo se ha apoderado de todos los productos televisivos y también se ha apoderado, naturalmente, del terreno informativo, aunque en algunos casos hay resistencias. […] Cuando además vivimos en un momento en el cual el dinero es el gran dios y en un momento de crisis donde todas las empresas viven en la angustia económica, entonces el dinero también avanza en la misma dirección. Donde la gente más se concentre, donde aplauda enseguida, donde haya muchos, la teoría del espectáculo y la desesperación por captar inmediatamente las audiencias, está llevando a la televisión a un sitio que me parece muy bien, que vaya donde le dé la gana, sólo que en el camino también se está llevando al periodismo que ya está fabricando nuevos productos: Infotainment (information+entertainment), un juego entre entretenimiento e información, todo tiene que ser muy divertido, todo muy cortito, que no dure más de 40 segundos, rapidísimo, que tenga mucho colorín, mucho movimiento, mucha cosa a toda velocidad. Forma también parte del mundo en el que estamos viviendo y ahí se tendrá que recolocar el periodismo. ¿Cómo se cuentan las cosas complejas en ese juego actual?, Ya que en este juego todo tiene que ir a velocidad del mensaje, en el que además tienes que hacer cuatro cosas a la vez, mientras ves la imagen en la televisión pasan por debajo los rótulos de las cotizaciones de bolsa y por la izquierda el partido de baloncesto y por la esquina la publicidad. ¿Cómo se cuenta la complejidad? ¿O es que el ser humano ha decidido que no va a enfrentarse a la complejidad? Los periodistas hemos decidido que nos vamos a enfrentar a la complejidad. Son desafíos que tendrán que irse resolviendo tal cual se van planteando y la sociedad los ofrecerá como le parezca. En este momento en la televisión la concurrencia del espectáculo más la lógica de la crisis financiera está convirtiendo a la televisión en un territorio muy particular. Donde están pasando, sin embargo, muchas cosas sumamente chocantes, mientras la televisión se aleja de la realidad en los informativos, en la ficción se están haciendo las más colosales profundizaciones de la realidad. […]

P: Para finalizar, aunque su libro El fin de una época se titule así, usted sostiene que los verdaderos baluartes del periodismo, la esencia, nunca se va a acabar, y que el periodismo no se va a extinguir. ¿Qué consejo darías a un futuro periodista?

R: Como efectivamente hay valores que son eternos, porque el periodista vive de su credibilidad y la gente te cree en función de cosas que yo digo que es decencia, tiempo y preparación; les aconsejo que se hagan con las riendas de sus vidas. Ese es el consejo que yo les he dado a mis hijos. […] Tú vas siguiendo disciplinadamente el camino que te han trazado con la esperanza de que finalizado el camino ya estés hecho un hombrecito o una mujercita con muy buena preparación. Eso está muy bien y hay que hacerlo. Pero además, uno, en un momento determinado, tiene la lucidez de decir, ahora, yo me ocupo de mí. […] yo me tengo que preparar, y como eso no lo sé, lo tengo que saber. Y como yo sé que esto no lo entiendo, lo tengo que entender aunque no tenga mañana examen. Y como esto me falta, lo tengo que tener. Y tengo que entender mejor a la gente, para lo cual voy a conocer mejor a la gente, y en una ciudad como Madrid hay muchos sitios: hay audiencias públicas, hay hospitales en los que se puede entrar, campamentos gitanos a los que se puede ir y mercados que no están en tu barrio. Se puede conocer mejor el mundo, la gente. Se puede leer. Mucho. Y cómo está el mundo ahora, y cómo fue antes, y cómo pensaban personas que eran como nosotros. Se puede viajar, se pueden hacer muchas cosas con la actitud de quien intenta llenarse de conocimientos sobre los otros y sobre nosotros. Y con eso y con mucha confianza, ¡A correr! Ése es el consejo que yo daría. […] Desesperanzarse por la coyuntura es un poco absurdo. Desde luego, prepararse: con lo que te dicen que tienes que aprender y con lo que tú sabes que tienes que aprender. Y con el conocimiento de los demás, que es muy importante: hay muchos más mundos que el nuestro.