La inflación (es decir, el incremento de los precios de los bienes y servicios) de Alemania ha aumentado hasta el 1,9 % interanual, lo que supone algo más del 1,7 % previsto. En el mes de julio se aumentó un 0,5 % los precios respecto al mes anterior y la más alta de 2013, y el sector alimenticio subió los precios en un 5,7 %.

La ortodoxia económica considera el 2 % una cifra sostenible de crecimiento de la inflación. Si se produce un crecimiento negativo (deflación) trae consecuentemente una bajada de los salarios (menor precio, menor coste de fabricación de un producto). Si se supera ampliamente esta línea hablamos de hiperinflación, situación en que el poder de los ahorros desaparecen.

Alemania y su pánico a la hiperinflación

La traumática experiencia de la República de Weimar ha hecho que Alemania se sienta incómoda en situaciones de inflación descontrolada. Tras la Primera Guerra Mundial los países ganadores impusieron fuertes sanciones a los perdedores, así como elevadas reparaciones de guerra. Alemania tuvo que imprimir mucha moneda para poder pagar la compensación de guerra, causando un aumento muy pronunciado de los precios (si el valor de la moneda cae porque se produce más, se debe pagar más moneda), con lo que la gente no pudo pagar los bienes básicos y el empobrecimiento fue general.

El IPC e inflación

A menudo se suele hablar de IPC e inflación como términos inseparables, juntos. Lo cierto es que el IPC (Índice de Precios al Consumo) es la variación de los precios de una cesta de bienes representativos de cada economía, mientras que la inflación comprende conceptos más generales como las exportaciones, los bienes intermedios (es decir, los bienes con los que se fabrican otros bienes), y las amortizaciones y variaciones de existencias.

Evolución de la inflación alemana actual en los años 2012 y 2013:

Inflación de la “República de Weimar” en el año 1923:

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