El escritor madrileño es un autor polifacético, que ha publicado numerosas novelas de varios subgéneros. Entre el sector juvenil es más conocido por sus novelas de amor como la Trilogía de Getafe; aunque ha alcanzado su cumbre en la novela negra. Buena cuanta de ello son el Premio Ojo Crítico en 1998 que consiguió con el lejano país de los estanques; y el Premio Nadal 2000, con El alquimista impaciente.

Tras el gran éxito que cosechó con las dos primeras obras, Silva se mostró cauto para continuar la saga. Tardó tres años en mostrar una nueva entrega, hasta no estar seguro que era mejor que las anteriores. Pero esta prudencia tuvo su recompensa, no solo para el propio Silva, sino para todos los lectores que disfrutan con las aventuras de estos valientes investigadores.

En este libro, los intrépidos guardias civiles deben hacer frente al asesinato de uno de sus compañeros de la reserva, Robles.  Un caso bastante especial, no solo por el hecho del crimen de un compañero, sino porque  Bevilacqua había trabajado con el fallecido y había mantenido una buena relación de amistad.

Así, que no solo tendrá que plantar cara a la muerte de un compañero, mejor dicho, un maestro; sino que deberá afrontar sus pesadillas del pasado. Unos recuerdos que Bevilacqua ya había considerado olvidados y que serán parte esencial para resolver el caso.

El suceso les llevará a la ciudad condal. Allí, tendrán que introducirse en el mundo oscuro de la noche, de las drogas, de los prostibulos y de la corrupción. Sobre todo tendrán que hacer frente a esto último. Una situación con la que no se habían encontrado jamás: la corrupción de varios guardias civiles, entre ellos la propia víctima,  abandonado su honor. Un término muy importante en toda la obra y al que hace hincapié Silva, recordando que “una vez perdido, no se recobra jamás”.

El desenlace de la obra es poco atípico e inesperado. Es verdad que encuentran al culpable, pero este resultado final no es el común y desconcierta, al no terminar con el responsable entre rejas.

Si eres un amante de la novela negra, la marca del meridiano no puede faltar en tu estantería; al igual que todas las novelas de esta saga policíaca.