En una entrevista, Ana María Matute nos traslada al mundo en el que escribió esta obra: “Disfruté mucho escribiéndola, la escribí en una semana. Tenía 23 años y me encerré en mi habitación sin salir para nada. Mi madre me hacía traer la comida para que pudiera trabajar sin interrupciones. Esto es muy curioso; mi madre, que fue siempre muy severa conmigo, como ya he contado, sin embargo respetaba mucho mi vocación literaria, y si se han conservado los cuentos que escribí cuando tenía cinco años, ha sido porque ella los guardó (...).” 

Mundo narrativo de Fiesta al Noroeste

Los temas que se dan en Fiesta al Noroeste son la muerte, la huida, la infancia y el amor- odio.

En forma de amenaza o de esperanza, la idea de la muerte se integra en la obra. La fiesta al Noroeste es la celebración de la muerte como la realidad más importante de la vida. La muerte tiene un doble tratamiento en la obra, según se refiera al niño de Pedro Cruz o al suicidio de la madre de Juan. Dentro de la muerte encontramos el impresionismo, el ceremonial de la muerte y el expresionismo.

Por su parte, la tesis dominante en las novelas y cuentos de Ana María Matute es la de que la tierra es un lugar inhóspito donde, por muchos esfuerzos que se haga, no podrán alcanzarse nunca la paz ni la alegría; de aquí que los personajes intenten de modo incesante, huir de sí mismos hasta las últimas consecuencias.

Esta obra posee una excelente originalidad en el enfoque y un buceo psicológico de la infancia y de la adolescencia. Todos los personajes que se cruzan por la obra matutiana son niños precozmente crecidos para el sufrimiento. El concepto de niñez perdida adquiere gran relevancia. Así pues, niño y adulto coexisten en un mismo individuo, fatalmente unidos, tiraran cada uno de su lado hasta que se aniquilen. 

Además se representa el conflicto amor-odio.

Esquema general del libro

Todos los capítulos de la novela, a excepción del cuarto, se dividen en tres partes bien delimitadas: introducción abrupta, exposición narrativa y desenlace anticlimático. Este esquema general se ajusta al modelo de la épica antigua y de la buena parte del teatro clásico y moderno. La estructuración tripartita está en la base misma de la obra: el primer capítulo tiene función de exordio. En los seis capítulos siguientes es Juan quien empuña el timón novelesco. El último capítulo, concebido como epílogo, plantea un nuevo cambio; está vez será la narradora la que planeará sobre el escenario de la muerte para darnos su visión objetiva de los hechos. Tres son también los personajes principales de la obra.

La acción es contada en tercera persona, lo cual no es impedimento para que la narradora conozca los pensamientos y las sensaciones de Juan y de Dingo; no sucede lo mismo con respecto a Pablo, al que siempre se nos presenta desde fuera.

La secuencia temporal del relato mantiene una linealidad externa. Pero, en el interior de los capítulos, la balanza del interés se desequilibra en favor del pasado, el verdadero tiempo de la narración. El único personaje que vive inmerso en el presente es Pablo. Juan vive de recuerdos, aunque dirija sus anhelos hacia un futuro utópico; Dingo, en cambio, vive hacia el futuro por huir del pasado.

El estilo de Fiesta al Noroeste es sugerente, plácido y denso. Presenta una atmósfera onírica con un cierto dramatismo cuyas imágenes son barrocas, expresionistas o simbólicas. Dentro de los recursos expresivos utilizados destacan la sinestesia y la superposición temporal.

Entre la imágenes de la obra encontramos de muy diversos tipos: despersonalizadoras, personificadoras, intensificadoras, sensoriales, sinestésicas, metamorfoseadoras, símiles verbales y visionarias. En cuanto a las sensaciones pueden ser visuales, auditivas, olfativas, internas y sinestésicas.

Los personajes principales: Juan Medinao, Pablo Zácaro y Dingo

Juan  Mediano. Se trata de un personaje que quiere huir de los demás hombres. Es un ser necesitado de afecto y de comprensión, pero incapacitado, tanto para darlos como para recibirlos.

Juan Medinao, de cabeza deforme, de tronco raquítico y piernas torcidas, es el desdichado fruto de un matrimonio conflictivo formado por dos personalidades antagónicas: voraz, sensual, poderoso y primario, él; desequilibrada, débil, hipócrita y resentida, ella. En la caracterización psicológica del personaje destacan la permanente sed insatisfecha de huida y el amor veteado de odio hacia el hermano.

Dentro de este personaje encontramos rasgos presentes como la precocidad, la hipocresía, la huida y el amor-odio. 

Pablo  Zácaro. Es un personaje marcado por la suerte que irradia simpatía y afecto, así como su antagonista era un ser nacido para la desgracia. La seguridad y la fuerza marcan su carácter, además del profundo amor a la naturaleza, la ausencia de reflexión y sueños y clara conciencia de los propios límites, que le lleva a trazarse planes precisos de actuación que excluyen, de antemano, el desaliento y las incertidumbres.

Desprendido de trabas familiares y de creencias religiosas, considera que toda la humanidad es su familia y su Dios. Pablo como reverso exacto de Juan, todo lo que en este era oscuro e imperfecto, se vuelve claro y perfecto en aquel. Mientras Pablo nos es presentado desde fuera, la autora, atraída por el halo del dolor, bucea en el atormentado espíritu de Medinao. 

Dingo.  Es un personaje arquetípico. Su comportamiento y sus reacciones son previsibles en un ser egoísta y acomodaticio, que persigue, en todo momento, su satisfacción personal. El rasgo más sobresaliente de su carácter es la huida de todo aquello que pueda suponer un problema. Ahora bien, su papel en la novela es de primer orden. Los escasos instantes de felicidad que vive Juan, a Dingo se los debe.

Los otros personajes que aparecen en la obra no aportan ningún dato psicológico relevante. 

Conclusiones

La obra de Ana María Matute está marcada por varios sucesos acontecidos en su vida. Su estancia en Mansilla de la Sierra, donde pasó su infancia, marcó un antes y un después en la trayectoria de esta escritora. Al igual que la relación existente entre su madre y ella, también fue decisiva. Según nos cuenta Matute en alguna entrevista, su madre siempre le apoyó en su carrera literaria y gracias a ella se conservaron los cuentos que la narradora escribió con tan solo cinco años.
 
Otro punto de inflexión en su obra literaria fue la pérdida de la custodia de su hijo cuando este tenia tres años. La unión madre-hijo se separó y esto será una espinita que Matute jamás podrá olvidar.
 
Finalmente, la guerra y la posguerra estuvieron presentes en toda su obra. Además, diremos que Matute siempre se consideró como “niña de la guerra” juntos con otros escritores más. El belicismo es retratado en la producción de Matute en forma de hambre, huida, fratricidio, pobreza, miedo y constante sufrimiento.