Pocos arquetipos han sido más mitificados en España que los bandoleros. En pleno romanticismo fueron tenidos por apasionados amantes y aguerridos justicieros, sin embargo la realidad era otra.
Un país devastado, primero por la guerra de la independencia y luego por las sucesivas contiendas carlistas hacían de España un país económicamente devastado. Para colmo de males la corrupción política terminó por poner la guinda a una sociedad en la que la carestía campaba a sus anchas provocando que la delincuencia popular eclosionase.
Este fenómeno del bandolerismo tan asociado a riscos y senderos inhóspitos estuvo también presente cerca de las grandes ciudades. Las deficientes vías de comunicación hacían que incluso pueblos de la actual Comunidad de Madrid fuesen escenario de estos personajes.
Márgaro Martínez en Villaconejos, Manuel Saturnino Almazán “el Capellán de Valdilecha”o Manuel Raspeño en Carabaña, son algunos de ellos, sin embargo de quienes quizá más leyenda acumulan sobre su historia fueron Sarabán y Crisantos, tan mitificados que fueron tomados por personajes de leyenda sin base real.
En Brea de Tajo, el pueblo natal de estos bandoleros, se cuentan todo tipo de leyendas sobre estos personajes, desde ser capaces de recorrer decenas de kilómetros en una sola noche o conocer los secretos rincones de su mítica cueva en la Peña Tajá de la que se llegaba a decir que un río subterráneo la atravesaba.
Otras cuestiones menos legendarias y más palpables tenían que ver con unas cruces ubicadas en el camino de Driebes, allí se pueden seguir viendo dos cruces hechas con amontonamientos de piedra sobre el terreno. Lo humilde de su construcción no le resta misterio pues el verdadero enigma de estas cruces era saber quién las hacía, pues pese a que el ganado o las inclemencias del tiempo las deshiciesen, al día siguiente amanecían bien colocadas. Dice la vox populi que eran los descendientes de estos bandoleros quienes siglos después y en el más absoluto secreto reconstruían una y otra vez las famosas cruces.
Siguiendo estas mismas leyendas podemos intuir que las cruces indican el lugar donde ambos bandoleros fueron fusilados y donde por tanto ocurrió uno de los episodios más míticos cuando Sarabán le pidió a uno de sus ejecutores la posibilidad de salvarse por una especie de ordalía o juicio de Dios. Él apostaba su propia vida a que si cogía tres pelos de la cola de un caballo al que arreasen hasta el límite de provincias, es decir, un centenar de metros, sería capaz de correr sin que tales crines se rompiesen, si se rompían aceptaría morir gustoso, pero de lograr la hazaña le perdonarían la vida.
Las autoridades no admitieron dicha apuesta (si es que se produjo) y los terminaron fusilando allí mismo donde año tras año sus descendientes los homenajeaban.
*Más información en la página web del libro Brea de Tajo: Una historia contada entre todos, escrito por Miguel Zorita.



