"Un paso menos", eso es lo que sienten los morilenses miembros de Hermandades cada vez que ven que los cultos a su titular, propios de esta fecha, pasan. Un paso menos para verlo en la calle, un escalón más cerca de la cima, un último esprint antes de la meta.

En los pasados días 14, 15 y 16 de marzo, los hermanos de esta Centenaria Cofradía sintieron que el momento ya estaba aquí, y seguro que a más de uno se le erizaba la piel pensando, este fin de semana, dedicado a uno de los titulares de su Hermandad, que ese día estaba más cerca. Exactamente a treinta y cuatro días (desde la finalización de los cultos) del, para ellos, el más grande:

VIERNES SANTO NOCHE. SANTO ENTIERRO.

Empieza a caer la tarde y el Sol se esconde huyendo de una impetuosa luna que avanza, seguramente consciente de lo que va a pasar en breves momentos. Ella, la luna, sabe que Moriles está de luto y por eso esta vez tiene que alumbrar más. Todo está preparado, todo está listo para que se lleve a cabo el funeral más grande que Moriles ve cada año. La seriedad y nunca mejor dicho, la Soledad, son protagonistas en un ambiente que huele a respeto. El Cristo sale a la calle.

El Imperio, camuflado en la oscuridad de la noche con los plumeros negros, arrepentido, obedece al cornetín y dedica la primera marcha fúnebre al Sepulcro. Con las lanzas bocabajo, como clavándolas en su propio corazón, muestra su pésame y marcha.

El Sacerdote reza por el fallecido y el pueblo repite con él, el dorado reluciente del Sepulcro ilumina las calles y hace contraste con la claridad y transparencia del cristal. El trono parece que flota y avanza suavemente hacia su destino, y el negro del luto, acompaña hasta el final.

En la primera mitad del recorrido, el funeral hace un alto en el camino. Un grupo de figuras bíblicas llegan para adorar a Jesús y, en muestra de su pésame, ofrecen todo lo que tienen, se realizan las primeras reverencias. Las tres Marías, Samaritanas, Arca de Noé o Los Sacerdotes de Sanedrín, ofrecen a Cristo un detalle de su vida, un objeto, señal, o reliquia significativa en el camino que ha realizado y que finalizó ese mismo viernes por la mañana. Un ancla, un pozo, un arca o un mismo sepulcro,  son ofrecidos en señal de respeto.

Seguidamente, en el ecuador de esta estación de penitencia, los santeros hacen una nueva parada para recibir a las segundas reverencias. Corporaciones bíblicas como La Judea, sayones arrepentidos por la fatalidad acontecida; Los Profetas, representaciones del Viejo Testamento; Salomón y sus hijas, eternamente agradecidos a Dios; o Las Parábolas de la Misericordia, representando a cinco parábolas que Jesús enseñó, dan cobijo a otra escena de respeto y amargura hacia el protagonista de la estación.

Cuando la medianoche va cayendo, y hasta la luna se va volviendo oscura, en el Llano de la Posada ("llanete") tiene lugar otra “charla” entre el Párroco, el pueblo de Moriles y el Señor, ya en el cielo. De nuevo, las voces, en voz baja, repiten las palabras del Sacerdote y rezan, en honor a Cristo, el Santo Rosario.

Finalmente, tras todo este conjunto de reuniones y actos característicos de la Semana Santa de este pueblo, varias intervenciones en procesión del Imperio Romano, imponiendo su autoridad, pero a la vez respeto hacia el Señor, y demás símbolos que son solo una pequeña muestra de esta Semana, llegamos a Carrera Oficial, donde el respeto y la seriedad se vuelven superlativos, y el acogimiento e intimidad que el pueblo da a la procesión reinan en la calle.

Se realizan las últimas reverencias de la noche, y figuras como Los  Apóstoles, fieles seguidores de Jesús en toda su vida; Las Virtudes, ofreciendo, por ejemplo, una columna; o  Las Mujeres Bíblicas, con un libro (entre otros), dan culto al Sepulcro donde se encuentra el fallecido. También aparecen  Las Tentaciones, representando a los intentos del demonio para hacer a Jesús caer en pecado durante estancia en el desierto, que realizan al Señor un descaro, como muestra de desprecio hacia Este.

Lanzas de nuevo abajo, cornetín sonando y cabezas bajadas. Los Romanos tocan el último Réquiem dedicado al Santo Sepulcro y este, ante la mirada de su pueblo, va a enterrar.

El paso de los días y el acercamiento de la fecha describen el sentimiento que los paisanos sienten. El tiempo desde que la estructura de metal asoma por la Iglesia hasta que el recorrido acaba es tan mágico como el de todas las procesiones. Todos los días son especiales en esta Semana, y los morilenses sienten algo inédito cada día Santo.

 En este, Viernes por la noche, Moriles reza cuando comienza, y descansa en paz cuando acaba.