Cuando entre el Siglo XVIII y el XIX estallaba la Revolución Industrial, nadie imaginaba que hubiera algo superior a la producción en serie y a la incipiente utilización del carbón como combustible principal. Lo cierto es que esta explosión de innovaciones sólo sentó las bases para lo que luego vendría: una Era de constante evolución, en la que todo se replica y se actualiza al segundo. No dejamos de implementar la red 4G que ya es opacada por lo inmensamente mayor en cuanto a posibilidades que es el 5G, la clave para la nueva Revolución Industrial.

Esta, guiada por un aumento exponencial de las conexiones inalámbricas, será un antes y un después en el desarrollo de las interacciones. El Mobile World Congress, celebrado en Shangai este año, sirvió como escenario para demostrarle al mundo lo que permitirá hacer esta nueva forma de conectividad. Se trata de un cambio en el paradigma de las disposiciones en ese entramado que es la red: de gigantescas antenas situadas en lugares estratégicos, a pequeños aparatos dispersados por todo el planeta que harán a la red más densa y sostenible.

Una renovación de este nivel provocará un incremento en la velocidad de descarga, al punto de tirar por los aires la obtenida con el 4G y quintuplicarla. El mundo tendrá que estar preparado para albergar el concepto de Ciudades Inteligentes. ¿Qué significa esto? Que la conectividad 5G beneficiará al desarrollo del tránsito, con mejoras en la prestación de servicios de conexión en los vehículos. Pero no será lo único. La seguridad pública también mejorará, al utilizar plataformas analíticas que permitirán, como ya sucede en San Francisco, detectar mediante sensores los ruidos de disparos de las armas de fuego y geolocalizar la acción, por ejemplo.

En el mundo de la tecnología la pregunta clave no es “¿cómo?”, sino “¿cuándo?”. Aunque las innovaciones no dejen de sorprender a la sociedad, los consumidores saben que la brutal evolución tecnológica las hará posibles tarde o temprano. Es por eso que la importancia radica en la velocidad. Y en cuanto al 5G y su aplicación total, la espera se alargará al menos hasta 2020.