Una separación física de alambre y cuchillas. Una cicatriz abierta, sangrante, en el norte de un continente saqueado y humillado. Una corona de espinas con la que son coronados quienes anhelan mejor fortuna, tras un largo vía crucis por una tierra hostil. El recuerdo perenne y vigente de la vergüenza colonial sigue presente en España. La idea de la supremacía del hombre blanco sobre el hombre negro se practica cada día en Ceuta y Melilla, disfrazada en pos de la seguridad, ese ambiguo concepto que crece en el caldo de cultivo del interés y el desconocimiento. El que escribe hizo el viaje inverso en un cómodo avión, sin gastar suela de zapato y ahora tiene miedo al norte.
"Una separación física de alambre y cuchillas. Una cicatriz abierta, sangrante, en el norte de un continente saqueado y humillado".
No sirven los grandes discursos, no tienen valor los textos constitucionales, simbolizan mentiras los gestos de quienes no quieren mirar más allá de la valla. Lo más complicado es hacer el esfuerzo de entenderse, lo más sencillo es cerrar la puerta al diferente. Te invito a acompañarme en mi viaje. En caso contrario puedes dejar de leer y poner la televisión o prepararte para volver a salir a la calle en procesión el año próximo, siguiendo a una imagen que sufre con una corona de espinas que le martiriza. Muchos le llamaron, le llaman y le llamarán Hijo de Dios, también en África, solo que aquí no resucitan, como tampoco lo harán quienes perdieron la vida por el sueño de conocerte.
Si sigues leyendo te lo agradezco, voy a compartir contigo mis sentimientos. Reconozco que antes de emprender el viaje a Camerún tenía miedo. Me asustaba ser objeto de racismo, cobrar en mis carnes las deudas pendientes de Norte, pagar el daño infligido, el sufrimiento acumulado de siglos de esclavitud y maltrato. Fui recibido por un pueblo amable y alegre, colmado con sonrisas y cariño. El miedo se transformó en vergüenza y profundo dolor por lo que hacen e hicieron hombres de mi mismo color. Pero siempre hay esperanza.

Leonyuy tiene doce años y quiere ser abogada para defender los derechos de los niños huérfanos a que han sido abandonados por sus padres. Sus padres salieron por unos días hace casi un año y nunca han vuelto. No quiere ver más niños trabajando en el campo, no quiere ver niños cargando plátanos al amanecer para venderlos en la calle hasta más allá del anochecer. No quiere ver niños sin casa. Sin embargo no cierra los ojos sino que se esfuerza en silencio.
"Leonyuy tiene doce años y quiere ser abogada para defender los derechos de los niños huérfanos a que han sido abandonados por sus padres. Sus padres salieron por unos días hace casi un año y nunca han vuelto".
Pronto se enfrenta al primer reto en su carrera a la abogacía, los exámenes de acceso a la secundaria. Aprobará en soledad, sin el cariño de un padre que le estimule o corrija, sin el cariño de una madre que le colme de besos. Aprobará porque no desea otra cosa en el mundo y salta todas las vallas que se ponen en su camino. Cuando vuelve a casa del colegio no le espera un plato caliente, ni luz, ni agua corriente, le espera algo muy español, una carta de desahucio. Se permite una lágrima, enciende su linterna y abre el libro de Historia, que explica con detalle como decidieron su pasado y su futuro desde Europa. Alemania, Reino Unido y Francia abrieron una herida que sigue sangrando en España.
Si miras más allá de la valla encontrarás la esperanza en los ojos de Leonyuy, que se ha comprometido a hacer justicia. No piden limosna sino dignidad. Ella ha podido estudiar gracias al compromiso de CAPEC, una asociación que trabaja por la educación y protección de los niños. Hay muchos como ella y con tu apoyo podrán hacer lo que en el Norte no tenemos coraje de hacer: cambiar el mundo.
Contribuye con la causa solidaria en Camerún
Si quieres contribuir a reconstruir una escuela de Educación Infantil y Primaria en Nkolfoulou, una ciudad periférica a las faldas de Yaoundé, ayudarás a Leonyuy a cumplir sus sueños de justicia. Puedes ser su altavoz y compartir este artículo con todo el que quiera escucharte. También puedes hacer una donación de estas dos formas:
Siguiendo este link:
https://www.indiegogo.com/projects/building-school-in-cameroon
En este número de cuenta, indicando como concepto “Building school in Cameroon”
Account Holder: Cameroon Association for the Protection and Education of the Child (CAPEC)
Account Number: 37150377101-71
Name of Bank: Banque Atlantique
Address: BP 2933 Douala,Cameroon
Code Swift: ATCRCMCM
Todo el mundo tiene derecho a la educación y los niños son almas inocentes condenados por los culpables de la situación.




