Nacido en Detroit un buen 7 de abril de 1939, meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Primogénito varón de una familia de emigrantes napolitanos y hermano de la célebre actriz de los setenta y ochenta, Talia Shire. Originalmente llamado Francis Coppola, el mismo añadió Ford como segundo nombre fruto de su admiración por John Ford. A la temprana edad de nueve años contrajo la poliomielitis, la cual le forzó a permanecer en estado casi paralítico una larga temporada. Amparado en la protección de sus padres, dispuso como principal distracción del cine.

Francis comenzó a moldear su afición por el séptimo arte. Estaba naciendo un referente, era el primer capítulo de una historia aún con vida. Desarrollada su afición, se graduó en la Escuela de cine de la Universidad de California en Los Ángeles. Roger Corman, ganador en 2009 del Oscar honorífico por su trayectoria profesional, acogió a un joven y talentoso Coppola como su pupilo. En 1963 con Corman como productor llegaría Dementia 13, su ópera prima.

El joven Coppola había comenzado su andadura en el cine. Seguía escribiendo su propia historia, intentando hallar el sendero a la gloria. Preludio de una década dorada fue su primer premio de la Academia al Mejor guión original en 1970 por la exitosa Patton. Paralelamente, una novela llamada El Padrino estaba cosechando un gran éxito. Paramount Pictures compró los derechos del libro y tras varias negativas de diversos directores para dirigirla, Francis Ford Coppola, un italo-americano de tan sólo 31 años que únicamente había dirigido una reducida cifra de películas sin un gran éxito en taquilla, se convirtió en el timonel del proyecto. Alcanzar el éxito nunca ha sido fácil y para Francis no iba a ser menos. Desde el primer momento fue cuestionado por actores y productores, pero la ambición y su irrevocable talento le permitieron seguir adelante y convertirse en dueño de su propio destino.

Dotó a la cinta de una verosimilitud inusual en el género, mostró un minucioso retrato de la época y nueva visión sobre el crimen organizado que camuflaba una cautelosa crítica de la sociedad. Todo esto unido a un insuperable ejercicio narrativo que hizo de El padrino la obra maestra de este irrepetible genio. Tras un odioso y difícil rodaje, fue estrenada el 15 de marzo de 1972. Se convirtió en la película más taquillera de la historia, obtuvo cinco Globos de Oro y posteriormente tres Oscar por Mejor película, Mejor guión adaptado (Francis Ford Coppola y Mario Puzo) y Mejor actor (Marlon Brando).

"Nunca segundas partes fueron buenas" Cervantes ubicó esta frase en su afamado Don Quijote de la Mancha. Siglos más tarde, un cineasta americano cambiaría por completo esta visión.

En 1974, dirigida de nuevo por Francis Ford Coppola, se estreno El padrino: Parte II. Considerada una de las mejores secuelas de la historia del cine y la primera en ganar la estatuilla a Mejor película. Obtuvo un total de seis Oscar, entre los que destaca el otorgado a Mejor director. Coppola supo exhibir perfectamente la metamorfosis de Michael Corleone, iniciada en la primera parte y rematada en la tercera y última.

Casi diez años después de embarcarse en el proyecto que cambió su vida y en el momento cúspide de su carrera, Francis emprendió un nuevo y faraónico proyecto. Sería el broche de oro a una década extraordinaria e inmejorable. Basándose en El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad escribió la excepcional Apocalypse Now, un absoluto prodigio visual. Martin Sheen dió vida al capitán Willard, enviado a la jungla vietnamita con el fin de encontrar y liquidar al Coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando. Coppola nos sumerge en un viaje a través de la psicología de los personajes, especialmente de Willard. Refleja de forma impecable la manera en que el escritor británico explora y muestra la vulnerabilidad e inestabilidad moral del ser humano. Nos impregnamos de un terror psicológico e irracional, de surrealismo e inmoralidad, acabamos sumidos en la búsqueda interior de Willard, en su recorrido por su particular camino de baldosas amarillas.

Como en toda su vida, Francis siguió enfrentándose a los problemas. Afrontó de nuevo un rodaje infernal cargado de numerosas anécdotas, como el infarto que casi le cuesta la vida a Martin Sheen o el huracán que arrasó gran parte del decorado y obligó al director a poner dos millones de dólares de su propio bolsillo. Superados los obstáculos, se puso fin al rodaje. Por fin Francis Ford Coppola había rodado su cinta bélica, pero como con muchas de las grandes obras de arte, no se supo apreciar como se debía hasta pasados unos años. El memorable tratamiento del sonido de Walter Murch y la excelente fotografía de Vittorio Storaro le otorgaron dos Oscar, junto a seis candidaturas más. Apocalypse Now se convertiría, posteriormente, en un mito del cine bélico. Ese mismo año la película conseguría la Palma de Oro del Festival de Cannes, lugar donde décadas más tarde, en 2001, Coppola presentaría un nuevo montaje de la película con escenas inéditas. Se ponía fin a unos maravillosos setenta para el director.

Incapaz de mantener su propio estudio, arruinado y embargado, Francis se veía de nuevo obligado a realizar películas de encargo. Comenzaba su descenso a lo más profundo. One from the heart se convirtió en la gota que colmó el vaso, supuso su hundimiento personal y profesional. Comenzaba así, paradójicamente, una década para olvidar. Los ochenta se fraguaron a base de fracasos. Se le atribuyó, de esta manera, la fama de director maldito.

Una vez más El padrino, en esta ocasión la tercera parte, rescató y dio vida a un director en el que ya nadie tenía fe. Una cuantiosa cantidad de dinero que constituiría el final de sus problemas económicos. Esta fue la razón por la que Coppola aceptó dirigir un filme más sobre la familia Corleone. El padrino: Parte III, estrenada en 1990, cosechó el éxito en taquilla esperado, pero la recepción de las críticas no fue demasiado positiva. Labor difícil mantenerse al nivel de las anteriores entregas. Obtuvo siete nominaciones a los Globos de Oro y otras siete nominaciones a los Oscar, sin embargo no consiguió adjudicarse ninguno.

Coppola volvería a dirigir la adaptación cinematográfica de una popular novela, Drácula de Bram Stoker, aunque esta vez no se encargaría de escribir el guión. La película es considerada por la crítica la mejor adaptación de la novela que se ha hecho, pese a mostrar el romance entre el conde (Gary Oldman) y Mina (Winona Ryder) no presente en la obra. No obstante esto no hace más que enriquecer la historia y complementarla con otro punto de vista. Unos espléndidos efectos visuales acompañados de un vestuario y caracterización magnífica de los personajes, proporcionan a la obra una sensacional atmósfera siniestra e irreal. La cinta llegó a los cines en 1992 arrasando en todo el mundo. Proporcionó a su director unos tremendos beneficios económicos y fue galardonada con tres premios de la Academia.

Francis Ford Coppola había vuelto a encontrar el camino que veinte años atrás le lanzó al estrellato. Con Jack, una comedia dramática protagonizado por Robin Williams sobre un chico que envejece cuatro veces más rápido de lo normal, y The Rainmaker (Legítima defensa), un sencillo y sereno drama judicial, el director cerró la década de los noventa y el siglo XX. Desde entonces su trabajo se ha centrado más en el ámbito de productor, labor que durante toda su carrera siempre ha ejercido de forma dispar.

Una carrera profesional única, repleta de dificultades y obtáculos que no han hecho otra cosa que forjar a un director singular. Coppola ha sabido sobreponerse a los problemas en todo momento, siendo fiel a sí mismo y a su minucioso método de hacer cine.