En 1968 se estrenaba en Broadway, “The Boys in the Band”, una obra de teatro escrita por Mart Crowley, y que presentaba a 8 personajes protagonistas homosexuales, algo rompedor para la época, cuando la poca representación gay era negativa o acababa en muerte para el personaje.

Tal fue el éxito de la obra, que dos años después, sería llevada al cine de la mano del director William Friedkin, que tres años más tarde sería el encargado de “El Exorcista”, con el reparto original teatral. En pleno origen de la causa por los derechos LGBT, a partir de Stonewall en 1969, fue una de las primeras cintas con personajes abiertamente homosexuales con éxito comercial y sin final trágico. 

50 años después, Joe Mantello dirige con la ayuda del afamado productor Ryan Murphy, esta nueva versión de la obra, con el mismo reparto del regreso teatral de la misma hace dos años, ganado el premio Tony a mejor “revival”. Una obra que pese a estar en contexto social y cultural que la marca, y que cae en una serie de estereotipos, sigue teniendo cierta relevancia por los temas que trata.

UN GRAN REPARTO, PARA UNOS PERSONAJES INTERESANTES

Estamos ante una película coral, donde todo gira alrededor de un grupo de siete amigos homosexuales, que celebra el cumpleaños de uno de ellos, la presencia de un antiguo amigo heterosexual del anfitrión, pondrá patas arriba la fiesta y sacará a la luz, los miedos y deseos de sus protagonistas.

Los personajes son diversos y cada uno de ellos tiene su momento, aunque es cierto que algunos no están del todo bien desarrollados y desubican un poco al espectador, al no saber lo suficiente sobre él. Pero es gracias a la fuerza de su reparto, que logra enganchar al espectador y rellenar con su carisma dichos huecos.

Jim Parsons, encarna a Michael, el anfitrión de la fiesta. Parsons está excelente, y aunque se reflejen ciertos “tics” de su aclamado personaje en “The Big Bang Theory”, sabe llevar el nerviosismo, neurosis y sentimiento de culpa que su personaje necesita. Sus mejores momentos son con los enfrentamientos a Harold, el cumpleañero, encarnado por el actor Zachary Quinto (“Star Trek”), su personaje es el más peculiar de todos, pero su tono deja ciertos momentos ingeniosos y simpáticos.

Junto con ellos, tenemos a Andrew Rannells (“Blue Monday”) y Tuc Watkins (“La momia”), que encarnan a Larry y Hank, una pareja en crisis debido a las sospechas de infidelidad, y que dan uno de los momentos más emocionantes de la cinta. Dos personajes entrañables y que saben aprovechar a la perfección su momento en pantalla son Emory, encarnado por Robin de Jesús, y Bernard, interpretado por Michael Benjamin Washington, que representan el racismo y la plumofobia que existe tanto en la sociedad como dentro del colectivo.

Fragmento de "Los chicos de la banda". Fuente: rogerebert.com

Completan el reparto, Matt Bomer (“Ladrón de guante blanco”), que da vida a Donald, el interés amoroso de Michael, haciendo un papel que pone algo de orden ante tanta vorágine, aunque se queda un poco corto por la falta de desarrollo del mismo. El joven actor de “Teen Wolf”, Charlie Carver, da vida a un joven chapero que se convierte en el “regalo” para Harold, en un personaje que tiene cierta ternura. Y por último, Brian Hutchison (“Cuento de invierno”), que es Alan, el amigo heterosexual de Michael, que representa la homofobia de la época.

SIGUE SIENDO RELEVANTE

Aunque la obra date de finales de la década de los años 60, no solo es un fiel reflejo de la situación del colectivo durante esa época, mostrado a través de pequeñas vivencias de los personajes, como detenciones por parte de la policía o relaciones secretas por miedo al rechazo. También sigue siendo una obra con una mirada interesante a ciertos temas que siguen siendo de actualidad.

Por un lado, tenemos la homofobia tanto externa como interna, el personaje de Alan, podría ser el arquetipo de la falsa tolerancia, "no importa si es privado", se convierte en el irruptor de la fiesta, la persona que juzga la actitud de los presentes. Pero el personaje, además se convierte en un elemento que da a entender la plumofobia, debido al conflicto con el personaje de Emory, y que su visita implica que Michael "pida" a sus acompañantes que "disimulen".  

Precisamente en Michael, se hayan gran parte de los conflictos, debido a que todavía es incapaz de aceptarse del todo tal y como es, al igual que Donald, es por ello que choca con Harold, quien vive su sexualidad y que es brutalmente sincero con él. Además, en cierta manera Michael se rebela contra Alan, como una manera de vencerse a sí mismo.

Fragmento de "Los chicos de la banda". Fuente: imdb.com

Otro tema que trata es la fidelidad y las relaciones abiertas, lo vemos a través de Hank y Larry, cuyo conflicto nace de los celos el uno del otro, un tema bien tratado y que afecta de alguna u otra manera a los presentes.

Todos estos temas son tratados con un guion que funciona lentamente, y en ocasiones con excesivo diálogo, hasta un climáx final, donde todo se destapa. Mantello consigue combinar el ambiente teatral dramático, con una serie de flashbacks que dan una mayor profundidad a los personajes y sus vivencias. Este escape de lo teatral, en ciertos momentos, hacen que parezca una cinta más redonda y cerrada que su predecesora, aunque sigan existiendo varias resoluciones y situaciones cuyos huecos deben ser rellenados por la imaginación de los espectadores.

EN RESUMEN

"Los chicos de la banda" son una entretenida cinta que navega a través de sus diálogos y situaciones entre la comedia y el drama con unos personajes interesantes y que mantienen en pie la función.

NOTA: 8/10.

LO MEJOR: Su enérgico reparto y su trato hacia ciertos temas.

LO PEOR: Algunos huecos de sus personajes y ser algo cargante en ocasiones.