1 de enero de 2020. Llegaba un nuevo año, nuevos propósitos, nuevas ilusiones, ganas de celebrar. La gente salía como de costumbre a festejar la llegada de un nuevo año, y en este caso, de una nueva década.

Pasada la resaca de aquella celebración, la navidad acababa y la rutina comenzaba. Empezamos a ver noticias de que en China un poderoso virus comenzaba a expandirse, pero desde occidente, no hacíamos mucho caso, como que todo aquello nos parecía inexistente.

El riesgo de una pandemia mundial se iba convirtiendo poco a poco en realidad, llegando a Europa a través de Italia, y siendo uno de sus principales focos nuestro país.

14 de marzo de 2020. Todo lo aquello que nos parecía más propio de la ficción, de las películas de zombies, se convertía en una contundente realidad para todos los españoles, el estado de alarma se declaraba, y como mínimo, íbamos a pasar dos semanas confinados en casa, dos semanas que como todos sabemos, irían aumentando hasta sobrepasar los dos meses.

La situación era difícil, algo a lo que nunca habíamos hecho frente, el miedo se apoderaba de todos nosotros. Pero, en medio de todo este desastre, contaríamos con un aliado, uno que haría que todos nuestros miedos desaparecieran durante unas horas, y que las cuatro paredes que nos rodeaban se transformaran en todo tipo de escenarios, el cine.

Muchas veces pienso sobre ello, si con las facilidades que teníamos muchos en casa, había gente que no podía más con la situación, ¿que hubiésemos hecho si la hubiésemos tenido que vivir en el pasado?

A raíz de la reflexión, yo, un defensor férreo del cine de salas y pantallas grandes, de butacas y palomitas, vi más que nunca la genialidad en el streaming, y cómo este nos había, en gran parte, salvado. Quiero decir, si esta situación se hubiese producido hace, no pongamos tanto, igual 15 años atrás, pese a que las colecciones de VHS y DVDs eran mayores, una gran parte de la población se hubiese visto confinada y sin ningún medio de escape cinematográfico.

El streaming ha llevado a la mayoría de hogares una vía para escapar del desastre mundial.

Pero la situación también dio lugar al debate sobre la importancia del cine en nuestra cultura. Varias figuras del medio, como, por ejemplo, Juan Antonio Bayona, salían a dar respuestas a aquellos que atacaban nuestro cine, a aquellos partidos que calificaban a algunos de nuestros directores como gente que vive de las “paguitas”, y que los comparaban con agricultores con el fin de restar importancia a su trabajo en este tiempo de pandemia.

Bayona indicaba que, si bien la importancia de agricultores y transportistas era indispensable para la sociedad, la del cine también, ya que en palabras del director: “porque cuando uno ve una película o lee un libro, se está poniendo en la piel del otro y eso es un ejercicio de empatía, de aprendizaje y de crecimiento brutal".

Justo cuando nos encontramos con miles de personas jugándose su vida por los demás, la empatía es algo que necesitamos reforzar. Y tal y como dice Bayona, el cine nos da una empatía que tenemos que reflejar con la sociedad.

Así que si, el cine ha sido una pata más de la silla que nos ha mantenido, nos ha salvado de la falta de empatía, del miedo a lo ocurrido en el exterior, de la soledad.

La industria del cine también es otra que, como la gran mayoría de sectores del país, se ha visto fuertemente atacada por este virus, y más allá del parón de todas las producciones, ha supuesto el cierre de todas nuestras salas de cine, de ese lugar en el que tantos recuerdos tenemos.

Así que, al igual que ahora es momento de, con todas las medidas necesarias, ayudar a nuestro bar vecino, a nuestros comercios locales, cuando llegue el momento, debemos de salvar también, unas ya dolidas salas de cine.