Dos años atrás, concretamente a principios de octubre de 2017, tenía lugar el referéndum ilegal del 1 de octubre que, el por aquel entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont convocaba para citar a todos aquellos votantes a elegir sí o no un Estado catalán en forma de república.


La historia ya venía repitiéndose años atrás con Artur Mas. Actualmente, la policía carga contra manifestantes que se proclaman en contra de la sentencia que ha dictado el Tribunal Supremo hacia los líderes de dicha consulta.


Sin embargo, el actual presidente de la Generalitat, Quim Torra, sigue con una estrategia en la que pide movilizaciones y protestas, mientras que a su vez envía a los Mossos d’ Esquadra a sofocarlas. Ni ellos mismos se entienden sobre lo que deben o no hacer. Y mientras tanto, así es como juegan con la sociedad catalana.


El conflicto independentista afecta a todo el país, que sigue desde muchos lugares la situación de caos y descontrol total que se está viviendo en estas jornadas en Cataluña, manteniéndose alerta ante lo que puede pasar dentro de unos días debido a la multitud de manifestaciones que parten desde otras ciudades de Cataluña hasta llegar a Barcelona como repulsa a la sentencia del “procés”. Muchos ciudadanos se están preguntando si se buscará alguna solución a este problema tan grave que nos ocupa en este instante.


Tal es la incertidumbre sobre qué va a pasar durante estos días que se producen revueltas independentistas que hasta los propios políticos no tienen muy claro qué postura tomar ante este problema, empezando por los propios independentistas (donde se han visto varias divisiones entre ellos) y acabando por el secretario de organización del PSOE y ministro de Fomento, José Luis Ábalos, quien declaraba que “no se renuncia a ningún recurso, pero no se dan los supuestos para aplicar la Ley de Seguridad Nacional” y reclama al resto de partidos “lealtad y unidad”.


Con todo lo que está ocurriendo sería conveniente apelar a una búsqueda de medidas que se ajusten a nuestra actualidad política. De no ser así, este dilema gubernamental podría repetirse hasta la saciedad, provocando más caos del que ya existe. ¿Hasta cuándo durará este desconcierto?