Icono, que viene del griego “eikon”, significa “imagen”. En el ámbito religioso y con tradición bizantina, un icono es una imagen bidimensional que contiene una pintura de un personaje u objeto de tradición religiosa. La iconografía aparece en múltiples religiones, aunque destaca el catolicismo, donde es esencial, frente a religiones como el islam, donde el uso de iconos es más limitado. También su uso depende de la religión, pero destacan su función ornamental, de adoración o de inspiración para los creyentes.

Estos iconos poseen muchos “valores simbólicos”, según a teoría de Panofsky, por lo que el componente de interpretación es muy alto. Esta interpretación, además, es subjetiva, por lo que cada fiel verá en un icono aquel mensaje que está espiritualmente buscando. Esto provoca que, según cuentan leyendas e historias, estos iconos generen acciones desmedidas en los fieles. Un ejemplo de esto es la historia que dice que en el Sancta Sanctorum de Roma no está permitida la entrada a mujeres, ya que una mujer una vez, al entrar y ver el icono de Jesucristo desnudo, sufrió un espasmo sexual, espiritual y de placer.

Evolución de la iconografía

La iconografía y pintura religiosa ha estado presente en multitud de periodos de la Historia humana. Aunque desde la Prehistoria se van a encontrar murales con pinturas que sugieren algún tipo de ritual religioso o espiritual, esta necesidad de representación artística de lo religioso adquiere más importancia en las civilizaciones antiguas de Egipto, Grecia y Roma. Los creyentes y fieles a las religiones antiguas van a realizar obras e iconos artísticos sobre sus deidades, como vía para su adoración.

En la Edad Media, con el auge del cristianismo, aparece la iconografía religiosa como tal, con múltiples representaciones de personajes bíblicos en casi todos los espacios. Serán representaciones, sobre todo de los evangelios, principalmente naturalistas y con multitud de elementos simbólicos. Sin embargo, con la aparición del Renacimiento comienza a retomarse la temática mitológica clásica. Aun así, en este periodo aún existe una gran dependencia religiosa, y la pintura e iconografía se volverá más realista en cuanto a escenas de evangelios.

El Barroco trajo consigo una evolución de esta iconografía. Al coincidir con la crisis religiosa provocada por el movimiento de la Contrarreforma, los artistas comenzaron a retirar la espiritualidad de los iconos quitando las aureolas y representando escenas y elementos más cotidianos, para que los fieles se identificaran más fácilmente con estas representaciones, y así poder reconducirles a la Iglesia. Fue muy común en este periodo la iconografía de santos.

Bautismo de Jesús en el Jordán, de Giotto.
Fotografía de: ellogosenelarteuniversal.blogspot.com

Iconografía y Arte

La iconografía religiosa no se entiende como un simple proceso creativo, sino que los autores deben crear imágenes auténticas, expresivas y teológicamente bellas y exactas, ya que posteriormente serán bendecidas por la Iglesia para su adoración. Los artistas, por tanto, antes de realizar el icono, debían ser bendecidos, y ayunaban y rezaban durante varios días. Asimismo, tanto el propio artista como su ambiente debía de estar limpio.

La temática más generalizada de estos iconos se divide en cuatro principales temas: la imagen de la Virgen con el Niño; los Misterios Pascuales, es decir, muerte y resurrección de Jesucristo; la transfiguración, donde aparecen imágenes de la Santísima Trinidad y de la Eucaristía; e imágenes de los santos, que aparecen representados con una estatura menor a la de Cristo o la Virgen María.

En cuanto a las características técnicas y artísticas generales, los iconos religiosos son una combinación de imagen con simbología. No poseen relieve si sombras, ya que Dios es luz, y las miradas de las figuras no se dirigen a un punto dentro del propio icono, sino que miran fijamente a quien observa esa obra.

El color es un elemento esencial en los iconos, ya que tiene una gran carga simbólica. El oro es uno de los colores principales, ya que simboliza la luz divina, así como el azul ultramar en las túnicas de la Virgen o de los Apóstoles, y el blanco en la de Jesucristo. El rojo representa el fuego divino, mientras que el verde, presente en los profetas y en San Juan Bautista, representa la regeneración espiritual. Aparecen también colores como el marrón, símbolo de pobreza y humildad, y el negro, utilizado para representar la luz apagada en escenas del Juicio Final, o del diablo.

La Virgen Hodigitria

Para ilustrar las características más generales de estos iconos, se utilizará de ejemplo el icono de la Virgen Hodigitria del Monasterio de San Gregorio de Sinaí. Esta Virgen, al igual que multitud de iconos que comparten características, posee una boca pequeña, símbolo de silencio, así como una frente amplia, lo que indica pensamiento contemplativo y sabiduría. Asimismo, las estrellas de su manto representan la virginidad, y su mano derecha señala al Niño, indicando el camino que debe seguir la mirada del creyente.

Virgen Hodigitria,
Monasterio de San Gregorio de Sinaí.
Fotografía de: flickr.com

En multitud de ocasiones, el Niño aparecerá representado con rasgos adultos, ya que el objetivo del autor es transmitir un mensaje con significado teológico, sin ser del todo realista con su representación.