Al thriller español le han bastado seis días para mostrar sus credenciales de cara a 2017. Ha sido Oriol Paulo el encargado, con Contratiempo, de firmar una baraja de cartas convertida en un guion que no deja nada al azar. Un proceso de escritura que al haberse visto reflejado en la gran pantalla denota el mimo con el que ha sido esbozado con estilográfica sobre el papel.

Pero un mago nunca revela sus trucos y las cartas van volteándose sobre una mesa en la que dos personas sufren cara a cara la desesperación por evadir un destino que el espectador tiene que ir descubriendo si es cruel o justo. Una conversación entre la reputada abogada Virginia Woodman y el joven acusado Adrián Doria que explora los límites del ser humano antes situaciones adversas. El proceso mediante el cuál aquel que lo ha tenido todo en la vida en poco tiempo, ve como el agua está cerca de ahogarle en pocos segundos. 

Los límites del ser humano están muy presentes

Porque esta cinta recuerda mucho a clásicos del género y reúne muchas aristas que brotan de la psicología del ser humano. La búsqueda de la línea que separa el bien y el mal ante situaciones inesperadas, la honestidad, la concepción de las relaciones o la honestidad quedan reflejadas a través de la evolución de unos personajes complejos. 

Mario Casas da otro puñetazo evolutivo para sacar de las casillas a los que lo siguen encasillando

Y es que Ana Wagener y Mario Casas mantienen un pulso interpretativo que va llevando el filme hace senderos curvos. Ya lo hizo con Palmeras en la Nieve y más si cabe en Toro, pero ahora, Casas da otro puñetazo evolutivo para sacar de las casillas a los que siguen argumentando que estará encasillado para la posteridad.  Se nota que Paulo es un enamorado de sus actores y saca lo mejor de ellos. José Coronado suma un nuevo papel a su larga trayectoria y vuelve a ser una de las vigas que sustentan el peso en las historias del realizador catalán tras ser la columna vertebral de El cuerpo.

Mario Casas en una escena del filme | Foto: Sensacine

La lógica aburre a Oriol y por ello el cineasta juega para divertir y arriesga una vez más virando y virando una aeronave en la que su elenco es el comandante y la música, el guion y la fotografía completan una tripulación de garantías para llegar a destino. Trabajazo una vez más el de Fernando Velázquez.

Bárbara Lennie se mueve por el filme magnética, con sigilo, gritando a pulmón abierto sin hacer ruido en cada escena. Tanto que incomoda.
 

Un destino precedido de un camino con trampas que ponen a prueba también a una Bárbara Lennie que demuestra una vez más toda su fuerza tras el sonido de claqueta. La madrileña resuelve con pasmosa facilidad cada sencuencia, plano a plano, magnética, con sigilo casi sin hacer ruido, pero gritando a pulmón abierto, tanto que incomoda, todo lo que tiene que contar en un filme que comienza como acaba, acaba como empieza pero en el que el cómo tiene infinita más importancia que el qué.

Bárbara Lennie y Mario Casas en una escena del filme | Foto: Sensacine

El dinero no es suficiente para ocultar el miedo

Sus casi 120 minutos de metraje funcionan como el cronómetro que avanza presto hacia la deliberación de la verdad o la mentira. Es hora de que el mago levante la última carta, la que hace de juez para un Adrián Doria que no quiere dejar su destino en manos de la suerte. Y llega el tic-tac definitivo en el que el guion de Oriol echa la cadena a la puerta de un largometraje que es capaz de escapar por las cuatro esquinas de una habitación que, con el paso de los minutos, se hace más y más grande a ojos de todos. 

Pasen a la sala y descubran al asesino. Indaguen sobre los giros que convierten una verdad en mentira. Sobre las mentiras que son verdades enmascaradas de pretensiones ocultas. Ahora solo tienen que esperar el momento para encontrar la forma definitiva de salir. Y sobre todo, recuerden que el dinero a veces no es suficiente para ocultar el miedo.

Puntuación: 8,5/10