Con un fondo rojo pasión la nueva película de Almodóvar se muestra más sutil que nunca en un drama lleno de intensidad narrativa, sosegamiento estilístico y sentimientos encontrados. Como no podía ser de otra forma, un excelente reparto de mujeres rodean al manchego en su huída por los libros de Alice Munro.

La historia de Julieta, una mujer embargada por la culpa, que recuerda su pasado tras encontrarse con Beatriz, la mejor amiga de su perdida hija embriaga al espectador inundando la pantalla con una nada vacía y bella. Llena de situaciones insólitas que rozan el lado más onírico del cine, la cinta renueva el drama insólito de los gestos. Nada es aclarado pero todo se puede relacionar en una película de gracia inherente a la propia exquisita visibilidad de la misma. En un viaje en tren hacia el abismo de la culpa, Julieta explora los lugares más siniestros de nuestra mente en los que se encuentra el abandono como eje principal y articulador de toda la historia. Emma Suárez y  Adriana Ugarte dan vida a un personaje extrañamente usual que respira hermetismo moviéndose por las inusuales formas de la mente del sapiens en lo que a las relaciones personales se refiere. Julieta está salida de la nada, una nada que se presenta en la película en forma de ciervo majestuoso, enhiesto y pedigüeño. Julieta camina por las nieves de una vida que le vino por el azar, el azar de encontrarse a un suicida en un tren, el azar de enamorarse de un misterioso bonachón del norte y el azar de concebir a su hija Antía.

Hay algo de nada en el propio azar, nada es lo que controla Julieta de su propia vida. Ni su hija, ni su relación con su padre ni siquiera su relación con su marido. Precipitándose a lo desconocido, Julieta el personaje se mueve en las olas profundas de la vida, sin un derrotero específico y sin que parezca que le importe lo más mínimo.

Julieta la película es un viaje visual con remitente, una gozada de colores reprimidos que se recuerdan con actrices sobresalientes. Otra muestra del indudable talento del director Almodóvar. Menos histriónico y alejado de su faceta festiva, el director más internacional de nuestro cine se muestra maduro y agridulce. El creador de la nada y la culpa no contentará a muchos pero ofrece en su Julieta tornasol de vivacidad culpable.

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