El cineasta Fernando Balihaut se estrena en el mundo del séptimo arte con una producción humilde pero llena de recursos que la hacen potencialmente interesante. Ya lo reconoció el público en el pasado Festival de Málaga y no les faltó razón para concederle esa Biznaga a la mejor película en la sección Zonazine.

En Animal, las acciones se desarrollan y se desencadenan con una intensidad pocas veces conseguida en largometrajes de tan bajo presupuesto. Un equipo formado por muy pocas personas, ha conseguido crear un filme que transmite y convence durante la inmensa parte de su totalidad. Quizás la mayor parte de su éxito está focalizado en el buen hacer de sus interpretaciones, tan difíciles de interiorizar para los actores como complicadas de asimilar para unos espectadores que podrán llegar a experimentar diferentes sensaciones con respecto a los personajes.

El odio, el cariño, el remordimiento y una adicción incontralada al sexo, cruzarán y enrevesarán los caminos de unos protagonistas que van en línea ascendente a lo largo del filme. Tras la escena de la violación, se marca un punto de inflexión en una cinta que no pretende ser una denuncia social como se puede llegar a pensar en ciertos momentos iniciales. A pesar de que ciertas secuencias en la parte media de la historia denotan fragilidad al ser comparadas en su conjunto final, la trama desencadena en un desenlace tan intenso como los temas que se tratan en esta obra cinematográfica que bebe de varios directores que han marcado historia como Bergman o Flynch para de este modo hacerla muy atractiva visualmente hasta el hecho de narrar sus puntos fuertes dejando atrás el diáologo, que pasa a ser un elemento secundario y permite usar el poder de la imagen para contar historias y dar fuerza a la película.

Tampoco hay que olvidar el buen hacer de Fran Romguer en la música que acompaña a las acciones y que proporciona en muchas de las sencuencias ese extra de intensidad necesario cuando lo que se ve necesita de lo que se escucha para que este thriller no decaiga.

Sin duda, Fernando Balihaut se presenta como un cineasta con talento y que basando su punto de partida en imágenes a la hora de transmitir las historias que quiere contar al espectador, hace que el público pueda recibir con entusiasmo una forma de hacer cine que demuestra que lo humilde, también puede desencadenar grandes dosis de emociones.