Se ha dicho frecuentemente que lo recomendable es apreciar una película en su totalidad, como un relato completo. No obstante, es evidente que tanto los miembros de la Academia que seleccionan los nominados a los Premios Óscar como los sindicatos de Hollywood que otorgan otra serie de reconocimientos, requieren diseccionar dichos relatos para observar con detalle la ejecución técnica y narrativa de ciertos aspectos específicos. Probablemente, pensar que este método de apreciación haya perjudicado una película como El año más violento, puede servir como argumento para explicar por qué un filme que contó con una buena promoción y que recibió comentarios favorables por parte de algunos sectores de la crítica, haya pasado sin pena ni gloria en la presente temporada de premios cinematográficos 2015.

El carisma de Oscar Isaac y el talento de Jessica Chastain no son suficiente

A pesar de contar con un reparto respetado por la crítica y el público, podría decirse que en este caso apelar al star system no fue suficiente. Meses previos a la temporada de premios se asumió como un hecho que Jessica Chastain estaría nominada porque es de esperar que ella siempre esté nominada. Sin embargo, se percibe que su aparición en diversas películas probablemente esté saturando las pantallas y el no haber sido nominada puede ser síntoma de dicha saturación. Es de resaltar que en este filme, Oscar Isaac demuestra nuevamente las credenciales para representar un personaje “adulto” aunque un poco sobreactuado, lo cual se siente en este contexto en particular como responsabilidad del trabajo de Dirección.

No hay moraleja

Lo que podría asumirse como una historia de superación sobre un inmigrante de origen humilde que cumple el sueño americano, termina convirtiéndose en un tensionante relato sobre seres obsesivos, ambiciosos y desesperados que luchan por lo que quieren a toda costa y que no tienen tiempo de lidiar con dilemas morales característicos de la gente común y corriente. Queda muy claro que el protagonista es incapaz de ensuciarse las manos pero, finalmente, es empujado por las circunstancias a cuestionar sus propios principios. Pese a que lo anterior ya se ha contado varias veces a lo largo de la historia del cine, es cierto que la Academia estadounidense ha sido tildada con frecuencia de mojigata e incluso, se ha afirmado que algunos premios y nominaciones han respondido a una agenda política –recordar la ceremonia de los Premios Óscar 2013, cuando la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, leyó el sobre en el cual se condecía a Argo el Premio a la Mejor Película–. Más allá de los discursos que proclaman al cine principalmente como expresión artística, probablemente para esta Academia, tan conservadora, no sea conveniente premiar una película cuyo subtexto perfectamente podría interpretarse bajo una mirada maliciosa como “la trampa sí paga” –sin mencionar la insinuación que allí se hace del terror del ciudadano de a pie hacia instituciones como la policía en un país como Estados Unidos–.

Mala suerte

Quizás no era el momento de reconocer este tipo de relatos, quizás no estaba enmarcado dentro de la tendencia, o de pronto no tocó las fibras suficientes. Sencillamente, este año no.

No es la intención de este comentario dar instrucciones sobre cómo ver esta película y probablemente, una de las mejores cosas que tenga es precisamente el título. Así que si usted es un espectador que escoge una película por el título, me atrevo a recomendarle que en esta ocasión siga una vez más su intuición, al margen de la supuesta validación que otorgan las entregas de premios.

Título: A Most Violent Year (El año más violento).

Director: J.C. Chandor.

Año: 2014.

País: Estados Unidos.

Reparto: Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Albert Brooks, Elyes Gabel, Catalina Sandino Moreno y Alessandro Nivola.

Tráiler: