Por definición, un guiño es una expresión facial hecha con el breve cerrar de un ojo. A menudo denota un modo de comunicación informal, una especie de señal. En la cultura occidental puede ser utilizado como gesto de complicidad, para significar un entendimiento compartido. Éste es justo el uso que le dan, hábilmente, aquellos directores de series españolas que tienen un compromiso real con el espectador. Ellos son capaces de hacer guiños sin necesidad de usar ningún ojo. ¿De qué manera? Basta una mirada cómplice y una frase escueta.

Lo hicieron los hermanos Alberto y Laura Caballero, creadores de La que se avecina en la sexta temporada de esta serie de Telecinco cuando los españoles asistieron al reencuentro de Fernando Tejero con Eduardo Gómez, quien durante varios años había sido su padre en la memorable Aquí no hay quien viva. Asimismo, el actor José Luis Gil y él volvieron a verse las caras en los rellanos de Montepinar.

José Luis Gil y Fernando Tejero en 'Aquí no hay quien viva' (izda.) y su secuela (dcha.). Foto: Fórmula TV

Tejero no aterrizó en esta urbanización como Emilio Delgado, sino como Fermín Trujillo, un papel que nada tiene que ver con el mítico portero del número 21 de la calle Desengaño. Pero no importa. Primero se cruzó con el "presidente de ésta nuestra comunidad" y, más tarde, con su progenitor. En concreto, fue a pie de calle donde se topó con un Mariano disfrazado ahora de Maxi. Y no pudo evitar preguntarse a sí mismo en voz alta: “Pero, ¿por qué me suena aquí todo el mundo?”.

Fernando Tejero y Eduardo Gómez en 'La que se avecina' (Foto: Mediaset)

Es evidente que este comentario no tenía trascendencia alguna en la trama del capítulo (y no es menos cierto eso de que en televisión «el tiempo es oro»). Pero, por paradójico que resulte, la inclusión de esas palabras estaba más que justificada: no era digno que Emilio y Mariano se cruzasen por la calle rebosando indiferencia.

Los españoles que no olvidan la serie ‘madre’ de Antena 3 merecían ese guiño sin utilizar el ojo. Con todo, el gesto se convirtió en una forma de homenajear los inolvidables momentos vividos en la comunidad de Radio Patio. Pero al mismo tiempo se alzó como una herramienta con la que los actores hicieron saber a su fiel audiencia que ellos tampoco se han desprendido de esa memorable serie que les llevó, y por méritos propios, desde el anonimato hasta la gloria más absoluta.

La que se avecina, Velvet y B&B son las últimas series españolas que se han servido de esta técnica

Otro guiño claro fue el introducido por Bambú Producciones en Velvet. Las paredes de esas galerías situadas en plena Gran Vía de Madrid fueron testigos de otro reencuentro entrañable: el de Miguel Ángel Silvestre y Amaia Salamanca, los mismos que se conocieron y enamoraron en la ficción encarnando a un temido narcotraficante y a una humilde chica de barrio. “Si este es el precio que debo de pagar por haberla amado, no hay nada en toda mi vida que me haya salido más barato.” Eran las palabras de un Rafael Duque que agonizaba en los brazos de Catalina Marcos.

Con un final tan trágico, Silvestre y Salamanca, a quienes vimos besarse por primera vez en el mirador del Templo de Debod, se merecían un reencuentro a la altura. Quienes hacen posible la producción de Bambú lo sabían. Por ello, cuando Alberto Márquez saluda a su concuñada con un –en apariencia inocente– “cuánto tiempo”, la que fue su amor imposible en Sin tetas no hay paraíso tiene la respuesta perfecta: “Tanto, que parece que fue en otra vida”. Con estas palabras la actriz se refiere, claro está, a esa otra vida que transcurrió en la piel de Cata y en la que no pudo tener un final feliz con ‘El Duque’. La propia Salamanca lo comentaba en una entrevista a Mujer Hoy: “La primera secuencia que rodamos juntos hace un guiño a que ya nos conocíamos, y eso me pareció muy chulo.”

Siguiendo esta línea, se echó de menos una referencia explícita a alguna 'vida anterior' cuando Belén Rueda y Fran Perea se cruzaron en B&B, la tercera serie en la que coinciden después de Los Serrano (2006-2008) y Luna, el misterio de Calenda (2012-2013). Es cierto que el ex ficticio de Belén Rueda, Pablo Balboa (Gonzalo de Castro) llamó ‘por error’ a Fran Perea “Marcos” en una trama en la que recibe el nombre de Mario. Si se tratase de algún tipo de guiño a la serie donde 1+1 eran 7 (donde Perea encarnaba al joven Marcos, hijastro del personaje de Rueda) parece muy pillado por los pelos.

No obstante, quienes tienen memoria televisiva fueron conscientes de que el tono de móvil del personaje de Dani Rovira constituyó una clara alusión a la serie de taberneros. ¿Una posible explicación? Estas ficciones están producidas por los mismos: los tan queridos profesionales de Globomedia. “Búscame, como la noche busca a la mañana…” es la única estrofa que se escucha salir del móvil del malagueño. Por azar o no (y se cree que no) coincide con la sintonía que Fiti (Antonio Molero) tenía puesta en su teléfono, orgulloso de los esfuerzos de su hermana Choni (Pepa Aniorte) por convertirse en una cantante de éxito.

La realidad es que estos guiños se han convertido últimamente en prácticas llamativas que despiertan la curiosidad de quienes siguen sentándose cada noche en su sofá para disfrutar con las series Made in Spain, tan criticadas y tan (injustamente) comparadas con las grandes producciones norteamericanas.

Se trata, en definitiva, de pequeñas ‘intromisiones legítimas’ hechas a conciencia por los guionistas para homenajear esas otras series que marcaron una época dorada en la ficción televisiva de nuestro país.