El cine, desde tiempos inmemoriales, se ha tratado como un arte, el séptimo en este caso. Si hablamos de expresiones artísticas como la pintura nadie en su sano juicio argumentaría sobre el valor de una obra de arte. Es decir, dentro de los desorbitados precios de algunas obras pictóricas, nadie defendería que, por ejemplo, una obra de Pablo Picasso o de Andy Warhol vale menos de tres euros. Aún así, en términos generales, parece que el cine si recibe valoraciones de este tipo.

Uno de los factores que ha dado pie a esta infravaloración de una obra cinematográfica puede haber sido la calidad del cine. En términos generales, siempre se ha dicho que el cine comercial es de baja calidad, para un público al que no le apetece pensar y con un objetivo artístico bajo cero. Si se valorara una película únicamente por estos factores está claro que los precios serían variables dependiendo de los espectadores ya que estos parámetros son completamente subjetivos. Aún así, porqué no se tiene en cuenta el trabajo que comporta la realización de un filme? La preproducción, producción y postproducción de una película son fases indispensables para cualquier obra, sea de baja o alta calidad artística. Al igual que en las calificaciones en el mundo de la enseñanza, se debe valorar todo el proceso o únicamente el resultado?

Un factor que ha influido claramente en el valor del cine ha sido Internet. La accesibilidad gratuita ha hecho decaer la cultura cinematográfica hasta niveles de risa. Lo peor de esto no es que cualquiera en su casa puede descargar una película y verla de forma gratuita, sino las condiciones en las que se ve dicho filme. Formatos como los screeners han ayudado a que el valor del cine pase a ser prácticamente inexistente: mala calidad de imagen y sonido para ver la última película que está de estreno en las carteleras. Esta opción de visionado es completamente inconcebible, por ejemplo, en el mundo de la pintura. Es inimaginable pensar en alguien que contemple "Los Girasoles" de Van Gogh mediante una fotocopia en su casa. Así pues, porqué se le otorga tan poco respeto al cine infravalorándolo de este modo?

Alfred Hitchcock defendía que para él “el cine son cuatrocientas butacas que llenar”, una afirmación tan actual como trágica ya que últimamente el cine que más se valora es el que llena las salas y no el que, como decía Federico Fellini comparándolo con un buen vino, “dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y , como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador”.