Milán es una ciudad con mil caras. Capital de la moda, centro financiero e industrial de Italia, hogar de la ópera o ciudad del lujo y las compras son algunas de ellas, que aportarán el encanto necesario para que cada tipo de visitante se enamore de esta población lombarda.

Fundada por los galos alrededor del año 600 antes de Cristo, Milán sigue siendo una de las ciudades más importantes del continente. Durante el Imperio Romano comenzó a forjarse su carácter comercial, muy importante durante el Renacimiento, gracias al mecenazgo de familias como la Sforza, y que aún sigue a ser vigente en el día de hoy. Su corazón es la Piazza del Duomo, que preside su catedral gótica, icono de la ciudad que desprende esplendor en cada arco y vidriera de su fachada. El lujo sigue campando en las terrazas y restaurantes que dan vida a la fría piedra del suelo. Los más intrépidos podrán subir a sus tejados, previo pago, para contemplar la más maravillosa panorámica de la ciudad. En esta plaza, además, también hay lugar para el Museo del Duomo, en el Palazzo Reale.

A pocos pasos de la Piazza se encuentra la famosa Gallería Vittorio Enmanuelle II, una calle peatonal con cubierta acristalada que guarda las más lujosas tiendas de la ciudad, junto con el barrio del Quadrilatero d'Oro, y otro tesoro, el toro de Milán. Se trata de un mosaico con forma del animal del que se dice que, si se da una vuelta con el pie encima de sus partes nobles, se tendrá buena suerte y se volverá a la ciudad.

Al otro lado de la galería descansa el Teatro de La Scala, el gran hogar mundial de la ópera, mandado construir por María I de Austria. La gran particularidad de este teatro es que todas sus óperas, sean cuales sean, no pueden terminar más allá de la medianoche. En la plaza delante al edificio reside la estatua de Leonardo da Vinci, que tuvo un gran vínculo con la ciudad. De hecho, uno de sus frescos más famosos, La última cena, puede ser contemplado en el interior del convento Santa María delle Grazie.

Más allá del Duomo

Una fama inmerecedora que tiene que soportar Milán es que no hay nada más que ver más allá del Duomo. Pero la ciudad guarda mil y un secretos en todas sus calles. La elegancia de sus habitantes tiene que ver con la familia Sforza, de vital importancia en el Renacimiento y que sigue estando presente bajo la forma del Castillo Sforzesco, que acoge un museo de arte. Los Sforza dejaron dos legados. Por un lado, el cultural, ya que Milán está llena de museos e, incluso, las propias librerías están siempre llenas de gente, como si se tratasen de una cafetería. Por otro, la moda. La ciudad es una de las capitales mundiales de la alta costura, y sus visitantes podrán admirar las tiendas más lujosas del mundo en el ya mencionado Quadrilatero d'Oro, delimitado por la Vía Montenapoleone, Vía Manzini, Vía Spiga y Vía d'Andrea.

Al otro lado del castillo se encuentran los pulmones verdes de Milán, el Parque Sempione y el Giardini Indro Montanelli. El primero guarda entre sus árboles el Palazzo da Trienale, el Acuario cívico y la Torre Blanca, una estructura metálica de 108 metros de altura que es considerada como la "Torre Eiffel" de Milán, y desde donde hay unas vistas espectaculares. El Giardini Indro Montanelli, dedicado al periodista homónimo, es el más antiguo parque de la ciudad. De estilo inglés, se amplió en el siglo XIX y en él se albergan el Museo de Historia Natural, el Planetario y el Museo del Cine.

Hacia el sudoeste del Duomo se encuentran las conocidas como Columnas de San Lorenzo, una de las pocas ruinas romanas que se conservan en la ciudad. Alrededor de esta columnata están abiertos una gran cantidad de bares y locales de ocio que, junto con la juventud que suele frecuentar la zona, lo convierten en un lugar ameno, que en el verano acoge conciertos y eventos. Cerca de estas columnas se encuentra Navigli, el puerto fluvial de Milán que recuerda a Venecia por sus canales. Esta es una de las zonas más animadas del Milán nocturno.

De las artes a los negocios

Pero Milán no es solamente museos y tiendas de ropa. La ciudad es el centro financiero e industrial de Italia. Uno de sus máximos baluartes es el Pirellone, uno de los edicios más altos de la ciudad, antigua sede de la empresa Pirelli. Una anécdota en su construcción es que en el techo se irguió una réplica de la Madoninna, estatua en lo más alto de la Catedral y de la que se dice que tiene que dominar los cielos de Milán por el bien de la ciudad. El centro financiero se encuentra en el barrio de Porta Nuova, con altos edificios acristalados y con una marabunta de ejecutivos y coches de alta gama.

Milán, cuna de la ópera y el arte durante el Renacimiento, acoge varios de los más bellos monumentos italianos, así como el gusto por la alta costura, el lujo y la elegancia. Sin duda, un destino único que goza de mayor tranquilidad para el visitante y que no lo dejará indiferente.